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30-07-2007
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Rosa Mª Trinidad posa con una foto de su hijo Enaitz Iriondo, que murió atropellado con 17 años cuando volvía en bicicleta al camping en el que veraneaba. Foto: iban gorriti
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Cuestión de segundos
Los accidentes en la carretera son el pan de cada día y dejan a personas marcadas por las secuelas de unos siniestros que en muchas ocasiones podrían evitarse con la concienciación de todos los conductores.
María Ruano
Familias destrozadas, vidas que se quedan en la carretera o que dan un giro de 180º. Es la cara negra de las vacaciones y de la que nadie está a salvo. En verano los accidentes aumentan ante el incremento de los desplazamientos y, aunque el carné por puntos y las medidas previstas en el plan estratégico de seguridad vial del Gobierno vasco han disminuido el número de fallecidos en las carreteras vascas, las frías estadísticas siguen inundando cada día la prensa y los informativos. Lo peor es que los números siempre esconden detrás historias de dolor con nombres y apellidos.

Carlos esteban (bizkaia)
"Volví a nacer"

Carlos sufrió un accidente de moto un 28 de febrero de hace aproximadamente dieciocho años. El vizcaino no recuerda el año con exactitud, al igual que tampoco sabe lo que sucedió. "Faltaba poco para llegar a casa, no hubo testigos. Sólo sé que pegué contra un coche aparcado".

El accidente fue en una carretera de A Coruña, donde se trasladó para estudiar la carrera de Educación Física. "Estuve en coma una semana y tengo diplopia. En un momento dado, el ojo derecho deja de girar y provoca que vea doble. También perdí el olfato, tuve rotura de cadera por varios sitios y lesiones en el brazo, pero sobre todo el daño fue cerebral".

A Carlos apenas se le notan las secuelas físicas, sólo alguna cicatriz. La procesión va por dentro. "Hay muchos daños cognitivos, de conocimientos y trastornos de comportamiento que sufro, aunque no sé si son derivados del accidente", explica. Habla de forma pausada, como si intentara analizar cada palabra. "Nos puede pasar a cualquiera", advierte, al tiempo que confiesa tener dos cumpleaños, "la fecha de nacimiento y la del accidente, porque ese día volví a nacer", se congratula. "Desde entonces no he cogido una moto, pero no por miedo, sino porque tampoco era un medio que utilizase muy a menudo. Estaba estudiando allí y era el transporte más económico".

En la actualidad no tiene vehículo privado, pero reconoce ser más cauto desde aquel 28 de febrero. "Haber estado tan cerca de perder la vida me hace valorarla más". Este vizcaino dice que no le duele recordar, aunque reconoce que el accidente le cambió por completo.

"Conservo muchos gustos anteriores, pero soy una persona diferente. Me sigue gustando mucho la educación física y me habría encantado terminar la carrera, pero mis limitaciones me lo impidieron", se lamenta. Aún así, ha aceptado las secuelas que le dejó el accidente. "Lo peor que puedes hacer es no aceptar los cambios", sugiere. "Aunque no es fácil, influyen el tiempo, los médicos, la familia y muchas cosas que te pasan y no sabes por qué", añade.

Rosa Mª trinidad (durango)
"Sólo pido que les juzguen"

Esta mujer de Durango se emociona al recordar el accidente que costó la vida a su hijo, Enaitz Iriondo, en agosto de 2004. El joven, de 17 años, volvía de noche en su bicicleta por un camino vecinal al camping en el que veraneaba en la localidad riojana de Castañares.

Según recogió el atestado de la Guardia Civil, un Audi A8 que viajaba a 113 kilómetros por hora le atropelló lateralmente al incorporarse Enaitz a la carretera LR-111, sin haber respetado una señal de stop. Su madre lo contradice con pruebas realizadas por tres peritos distintos contratados por su abogado. "Viendo las huellas de la frenada, que se extienden más de 150 metros, es imposible que fuese sólo a esa velocidad", arguye.

El resultado de los peritajes fue que el vehículo viajaba a más de 180 kilómetros por hora, cuando el máximo permitido es de noventa. "Además, el punto de impacto no fue cuando mi hijo salió a la carretera, sino unos metros después del cruce y le dio totalmente por detrás", explica indignada. Prueba del impacto es la bicicleta que guardan con la esperanza de que un día se haga justicia.

Al conductor se le realizó la prueba de alcoholemia hora y media después del accidente "y dio positivo", explica Rosa. Aún así, la jueza cerró el caso al no encontrar negligencias por parte del conductor. "Querían culpar a mi hijo y reconozco que cometió el error de no parar, pero estoy segura de que salió porque no vio ningún coche".

Tampoco recibieron mucha ayuda de su propio abogado, quien desde un principio les aconsejó que llegaran a un acuerdo económico y no fueran por la vía penal porque, según él, "estas cosas nunca se arreglan así".

Un año y medio después del trágico accidente, el conductor les denunció para que le pagaran 20.000 euros "por los desperfectos que nuestro hijo le ocasionó en el vehículo. ¡Es indignante!". En ese momento, el matrimonio durangués decidió actuar y comenzó a recabar pruebas para denunciarle por la vía penal, "pero se desestimó por los plazos, aunque reconocieron que hubo negligencia, que el atestado estaba mal y que hubo muchas cosas que no se hicieron bien. Parece ser que los plazos son lo más importante en la ley", señala irritada.

Con las pruebas en la mano y cansados de que no les permitiesen defender la memoria de su hijo, presentaron en junio un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. "Hay gente que dice que sólo buscábamos el dinero. Lo que nos dieron de indemnización en un banco está, no lo hemos tocado. Sólo pido que se le juzgue, porque ha matado a mi hijo y ni siquiera le pusieron una multa ni le retiraron el carné. Nada".

Paco prieto (gipuzkoa)
"Mi vida se fue al carajo"

No es su nombre verdadero, ya que no puede darlo al estar pendiente de que se celebre el juicio del accidente que costó la vida de su suegro. En el coche viajaban cinco personas -Paco, su mujer, su hija de cuatro años y los padres de su esposa-. Conducía su suegro cuando un coche invadió el carril y se los llevó por delante.

"El suegro murió. A mi mujer le operaron de rotura de fémur y tiene riesgo de necrosis, mi suegra se rompió los dos brazos, pleura, riñón y fémur. Mi hija estuvo cerca de 18 días en la UCI, ocho de ellos inconsciente, y yo sufrí una lesión medular". Así resume este guipuzcoano el balance del accidente que convirtió "la vida familiar en un drama". "Soy conductor de autobuses, he hecho millones de kilómetros por Europa y nunca me había pasado nada. ¡Y en un trayecto de 15 kilómetros mi vida se fue al carajo!".

Paco reclama medidas más duras contra los causantes de accidentes. "Me parece ridículo que a una persona se le retire el carné durante cinco años porque si un individuo mata a 16 personas con un arma el juez no le dice que no puede coger una pistola en cinco años".

Además, considera que hay un colectivo "minoritario" que es un riesgo para la carretera y que se beneficia de unas sentencias ridículas. "En determinados casos de temeridad manifiesta y conducción alcohólica debería de considerarse directamente un homicidio".

A su vez, se muestra partidario de la tolerancia cero que se da en los países suecos, "donde en los controles de alcoholemia debes dar 0,0 para seguir conduciendo", explica. Paco lamenta que la sociedad se haya insensibilizado con este problema. "Todos nos tenemos que concienciar, pero nunca es suficiente. Mi suegro no bebió esa noche porque tenía que conducir e iba a la velocidad adecuada. Sin embargo, no volvió".

Alcohol, velocidad excesiva y despistes que duran pocos segundos, pero que pueden marcar de por vida son los protagonistas diariamente de muchos de los accidentes que ocurren en las carreteras. Es la ley del asfalto, donde ni siquiera el más precavido está libre de sufrir sus consecuencias pero que, con la concienciación de todos, muchas podrían evitarse.
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