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Amets Txurruka subió al podio de París como el corredor más combativo del Tour de Francia. |
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Un sueño ligero
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Un corredor de Euskaltel-Euskadi, Amets Txurruka, subió ayer, por primera vez en la historia, al podio de los Campos Elíseos; fue el premio a la combatividad mostrada por el conjunto naranja desde que el Tour arrancó en Londres.
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Alain Laiseka
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SEGUNDA etapa: Dunkerque-Gante; Rubén Pérez: "Hay que seguir atacando". Séptima etapa: Bourg en Bresse-Le Grand Bornand; Iñigo Landaluze: "Me queda otra oportunidad". Novena etapa: Val-d'Isere-Briançon; Mikel Astarloza: "Hay que seguir en esta línea". Duodécima etapa: Montpellier-Castres; Amets Txurruka: "Tenemos que continuar dándolo todo". Decimocuarta etapa: Mazamet-Plateau de Beille; Gorka Gerrikagoitia: "No podemos dejar escapar ninguna oportunidad". Decimoquinta etapa: Foix-Loudenvielle Le Louron; Haimar Zubeldia: "Los directores nos insisten todos los días en que estemos vivos, y creo que estamos respondiendo". Decimosexta etapa: Orthez-Aubisque; Gorka Verdugo: "Mañana lo volveremos a intentar". Mensajes con fondo. El decorado: siempre una meta esquiva. La que alcanzaban los naranjas, todas y cada una de las 21 jornadas, enrabietados. Pensando: otra oportunidad perdida, un día menos para lograr el objetivo. ¿Cuál? Una victoria de etapa que Euskaltel-Euskadi ha buscado como nunca antes, planteando un Tour a la fuga, escapados, huyendo de la tiranía del pelotón. Guerra de guerrillas. Inconformismo. El Euskaltel-Euskadi más agresivo que se recuerda. Impresionante. Para enmarcar. Ha sido el conjunto vasco, de largo, el más combativo de una carrera que le ha negado una etapa que ha rozado con la punta de los dedos, sobre todo, el día de Le Grand Bornand, donde Landaluze se quedó en la cima de la Colombière a 17 segundos de atrapar a Linus Gerdemann. ¡Qué desolación! ¡Qué pena! Otra vez segundo. Iñigo Poulidor. Más tiros al palo: Haimar en la segunda etapa pirenáica. Allí, sólo un irresistible Vinokourov fue capaz de soltarle en el Peyresourde. Y la revolución de los jóvenes: Rubén Pérez y Amets Txurruka. Dos novatos precoces. El de Zaldibar ha sido el corredor que más kilómetros escapado ha acumulado durante el Tour, 513, todos ellos generosos, donando el sudor a sus compañeros; a Landaluze, a Amets, a Mikel… Un solidario. El escalador etxebarriarra se ha convertido, así, en su primera comparecencia en la ronda gala, en el pionero. Nunca antes, en sus seis participaciones anteriores, el equipo naranja había vestido uno de los codiciados maillots que el Tour reparte al final de cada etapa. A lo sumo, Euskaltel-Euskadi había liderado la clasificación por equipos en 2003, tras la exhibición de Mayo en Alpe d'Huez. En Cahors, salida de la 18ª etapa, Amets Txurruka lució el blanco destinado al mejor joven. No era el etxebarriarra el líder de esa clasificación, sino tercero, pero los dos primeros, Contador y Soler, portaban maillots preferenciales: el del líder y el de la montaña. "Fue un día emocionante", resume Amets. Las palabras no le llegaban, sin embargo, para describir lo que sintió en el lugar más alto del ciclismo mundial, más que cualquier montaña: el podio de los Campos Elíseos. El vizcaino, que hace tan sólo dos veranos defendía los colores del Debabarrena aficionado, se encaramó a ese lugar sagrado para recibir el premio a la combatividad. El corredor más liviano del pelotón, 56 kilos al partir de Londres, resultó ser el más peleón. Un sueño ligero. No siempre lo fue. Cuentan que Amets no era precisamente una sílfide en sus inicios en categorías inferiores. "Era una bola pero ganaba carreras. Recuerdo que todo el mundo decía que cuando pasara a cadetes no ganaría nada con ese peso. Pero resultó que dio el salto a esa categoría, adelgazó y siguió ganando", rememora su hermano Mikel, el único miembro de la familia Txurruka que ayer no estuvo en París para ver a Amets sonreír allí arriba, emparedado entre Tom Boonen, Alberto Contador y Mauricio Soler. Todo por un concierto. Mikel es guitarrista del grupo de música Aterkings y el sábado tuvo que tocar en Castro. "Ha sido una pena, me hubiese gustado estar allí, ver cómo Amets alcanzaba su sueño", asegura Mikel, que no se separó en toda la tarde de ayer del televisor de su casa de Etxebarria, sentado en el sofá del mismo salón que hace apenas una semana era un hervidero de nervios. El mayor de los Txurruka (son cuatro hermanos, el propio Mikel, Amets, Lore, ciclista también, e Iratxe), que fue quien metió a Amets en el ciclismo, no soportó la tensión que se vivió el día que su hermano se quedó a 900 metros de tocar la gloria en la meta de Castres. Tuvo que salir de casa. "Lo pasamos muy mal -recuerda-. Pero Amets es así, un luchador, una persona determinada. Él me ha enseñado que los sueños se pueden cumplir. ¿Cómo? Él logra todo lo que se propone", asegura. A punto de dejar la bici "Espero que ahora que está arriba la presión no pueda con él, pero en ese aspecto estoy tranquilo, porque Amets siempre ha sido una persona inteligente". Dice Mikel que su hermano siempre ha tenido la cabeza bien amueblada. "Es una persona constante, sacrificada, ese es su secreto". Pero todo el mundo pasa altibajos. Amets vivió su momento más crítico en 2003. Trocito de suelo. Aquel año se rompió el fémur en una caída, de la que se recuperó y regresó al pelotón. Pero entonces ya nada era igual. "Llegaba a meta en el último grupo". El etxebarriarra lo pasó mal. Pensaba que estaba fuera de tiesto, que ese no era su sitio y que ya no remontaría. "No sé si me estaba hablando en serio o no, pero un día me dijo que se estaba planteando dejarlo. No lo hizo porque al de un mes empezó a andar mejor", explica su hermano para proclamar envidioso, bromista: "Antes, Amets era el hermano del batería de los Aterkings, ahora yo soy el hermano del ciclista. Me ha robado el protagonismo". Su risa se apaga al otro lado del teléfono en el salón de una casa de Etxebarria ayer vacía. Los Txurruka se mudaron por una tarde a París. |
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