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30-07-2007
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El corredor madrileño brinda con el resto de sus compañeros de equipo por el éxito conseguido. Foto: efe
TOUR DE FRANCIA
"¿Armstrong? Él ha ganado siete Tours, yo sólo uno"
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VIGÉSIMA Y ÚLTIMA ETAPA
"¿Armstrong? Él ha ganado siete Tours, yo sólo uno"
Alberto Contador Ganador del Tour de Francia
Alain Laiseka
Enviado especial
parís. El suyo, el noveno que conquista un ciclista estatal (antes que él lo hicieron Bahamontes, Ocaña, Delgado e Indurain, al que habría que sumar el logrado por Pereiro el año pasado aunque se nieguen a dárselo), ha sido, se mire por donde se mire, el más apretado de la historia. Hubo uno, el de 1989, que se resolvió a favor de Lemond por sólo ocho segundos, pero nunca antes el podio había estado en sólo 31 segundos. En ese tiempo caben tres nombres: Contador, Evans y Leipheimer. Pero sólo uno pasará a la historia en letras doradas. Sólo el madrileño engrosará el palmarés de los más grandes. A la altura de Zoetemelk, de Van Impe, de Ocaña, de Bahamontes, de Gimondi, de Koblet, de Kubler… Todos ganadores de un Tour. Contador ya es como ellos, aunque con una diferencia, el del Discovery Channel tan sólo tiene 24 años, una edad que le permite soñar con volver a París de amarillo. Apretado en tiempo y en tensión. Nunca antes el Tour había vivido tan sumido en el caos, en la histeria. Instalado en la locura permanente. A la duda. El positivo de Vinokourov fue el primer mazazo para una carrera necesitada de héroes, de épica. El kazajo representaba todo eso. Ciclismo de antaño. Con él se cayó un mito. Oscuridad, sombras, tinieblas para el Tour, para el deporte que vive sobre un alambre. La exclusión de Michael Rasmussen, virtual ganador del Tour después de su exhibición camino de la cima del Aubisque y apeado de la carrera esa misma tarde por un rumor, por una sospecha, dejó al ciclismo moribundo. ¿La victoria de Alberto? Merecida, claro, teniendo en cuenta las circunstancias, pero al madrileño le toca ahora, en cuanto se baje del podio de París, vivir el momento del acoso y derribo. "Es lo que hay", resume con resignación el nuevo rey del ciclismo mundial.

De no saber si sería usted capaz de volver a montarse en una bicicleta a ganador del Tour en apenas dos años. Algo increíble.

Sin duda. Hace dos años estaba en el hospital temiendo que no fuese capaz de hacer una vida normal como consecuencia de un derrame cerebral. Por suerte se pudo solucionar y pude volver a competir. Si entonces, cuando salí del hospital, me hubiesen dicho que hoy iba a estar aquí, dando una rueda de prensa tan multitudinaria como ganador del Tour, no lo hubiese creído. Esto era algo inimaginable para mí.

¿Le ha dado tiempo a disfrutar de lo que ha logrado?

El sábado, después de la crono, pude liberar toda la tensión acumulada. Éste es el colofón a muchos años de trabajo, pero todavía es pronto, no soy al cien por cien consciente de lo que he conseguido.

¿Cómo se sintió durante la última crono?, ¿temió usted que Evans o el propio Leipheimer le fuesen a arrebatar su sueño?

Hubo un momento, cuando quedaban treinta kilómetros a meta, que me dieron una referencia de 38 segundos que me preocupó, porque además, en ese instante, me estaban doliendo mucho las piernas. Luego, logré mantener la diferencia, y cuando a falta de cuatro kilómetros me comunicaron que tenía 35 segundos de margen me dije que tenía que ir a muerte, que tenía que morirme sobre la bici para lograr ganar el Tour. Al final lo conseguí, pero claro que no resultó nada sencillo.

En sus vidas, en su forma de llegar a ganar el Tour, después de recuperarse de una grave enfermedad, hay cierto paralelismo entre Armstrong y usted. Es como si hubiese que mirar a la muerte a los ojos para ganar el Tour.

(Sonríe) No hombre, hay muchos corredores que lo han ganado sin pasar por eso. Pero sí que es verdad que Lance ha sido siempre para mí un ejemplo de superación. De hecho, cuando estaba en el hospital leí su libro y me sirvió para motivarme, para salir de aquel bache. En la crono del sábado, fue todo un honor para mí estar disputando un Tour de Francia con él en el coche. Hay cierta similitud entre su caso y el mío, claro, pero con una gran diferencia: él ha ganado siete Tours y yo, de momento, sólo uno.

¿Le dijo algo el americano cuando estaba disputando la crono?

Me enteré el día del Aubisque que iba a seguirme en la crono. Mientras la disputaba, cuando me hablaba Johan por el pinganillo, sí que escuchaba su voz por detrás, pero personalmente, él no me dijo nada.

El día después de que Rasmussen fuera excluido por su equipo, ¿lo pasó usted mal?

Fue un día difícil, de sorpresa. Ver que el maillot amarillo del Tour no está en la salida fue algo un poco surrealista. En carrera iba con un sentimiento extraño porque me hubiera gustado coger el amarillo de otra forma, tras atacar el día del Aubisque, por ejemplo. No pudo ser así, y llegué hasta él de una manera que a nadie le agrada, pero que de cualquier modo me obligaba a defender el liderato como lo hice en la crono.

Este Tour ha puesto de relieve la crisis que atraviesa el ciclismo tanto por la lucha contra el dopaje como por la guerra abierta entre la UCI y el Tour.

Es cierto que el Tour ha estado algo loco, pero la UCI y la ASO están tomando medidas cada vez más contundentes. No sé si será la mejor manera de hacerlo, pero creo que se está trabajando para que en el futuro no haya tantos escándalos.

¿Y se siente usted como el abanderado de una nueva generación?

Tanto como eso no, pero sí puedo animar a la gente a que crea en un deporte bonito y saludable y a que lo practique y lo vea por televisión.

Fuera de la carretera, no ha sido éste un Tour apacible que digamos.

No, ha sido bastante loco, igual más de lo que a todos nos hubiese gustado.

Desde que cogió el amarillo se ha convertido usted en el objetivo de los periodistas alemanes y franceses que no cesan de preguntarle por su relación con la Operación Puerto.

Lo he explicado más de una vez. Es un caso que cayó de lleno en el equipo en el que yo me encontraba, el Liberty Seguros. Como consecuencia de estar en el equipo inadecuado en el momento inadecuado salió mi nombre vinculado a esa trama. La UCI rectificó al de una semana diciendo que era un error y seguí con mi carrera sin ningún tipo de problema.

Se ha mostrado usted partidario de dar su ADN si fuera necesario para demostrar su inocencia. ¿No le parece excesivo?

Sí, claro, no creo que sea lo más correcto, pero si lo tengo que hacer no tengo ningún inconveniente.

¿Puede entender usted la continua sospecha que sobrevuela el ciclismo?

Yo estoy llevándolo lo mejor posible. Vivimos un ciclismo loco en el que más alto más sospechoso es de todo. Por suerte, ahora yo soy muy sospechoso, lo que significa que he ganado el Tour de Francia. Es una pena que sea así, pero para eso están los controles antidopaje.

Acaba usted de ganar su primer Tour con 24 años. ¿Hasta dónde puede llegar?

Primero voy a celebrar, a saborear este mi primer Tour y me voy a tomar unas vacaciones. ¿El futuro? Ya tendré tiempo de pensar en él.

¿Y se ha mentalizado para soportar la presión mediática que le viene encima?

Creo que todavía no soy consciente de ello. De todas formas, lo considero una suerte, porque si me cae esa presión es porque he conseguido algo grande. Intentaré llevarlo lo mejor posible.

¿De qué corredor ha aprendido más en su carrera?

Profesionales que me han enseñado, que me han marcado, ha habido muchos. No creo que sea cuestión de mencionar a uno, de quedarse sólo con un nombre. Hay que aprender de todos ellos, sabiendo seleccionar lo bueno y lo malo de cada uno.

Benjamín Noval ha sido su compañero de habitación durante todo el Tour, se llevarán ustedes bien, claro.

Lo más reconfortante es cuando estamos en la habitación. No hablamos nada de ciclismo, desconectamos totalmente, y únicamente nos dedicamos a pasar el día lo mejor posible. Normalmente, los días de mucha tensión descargamos una película en el ordenador y nos dormimos como niños. También nos gusta mucho hablar de caza; los dos somos grandes aficionados.

Cuentan que la noche antes de la crono se quedó usted dormido al de diez minutos de poner la película. ¿Conserva usted aún esa tranquilidad?

Es cierto, fue poner la película y al de diez minutos Benjamín Noval me preguntó quiénes eran los buenos y quiénes los malos y se dio cuenta de que estaba totalmente dormido. La verdad es que hasta yo mismo estoy sorprendido de cómo estoy llevando la presión de la carrera y la de los medios de comunicación. No tenían la importancia y no movían todo lo que mueve el Tour de Francia, pero en otras carreras sí que me había encontrado con situaciones similares y eso me pudo servir para aprender a manejarme.
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