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30-07-2007
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Sly Stone, en su particular salto al vacío. Foto: efe/juan herrero
kultura
Brillante pero no redonda
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Brillante pero no redonda
La fórmula del festival funciona pero debe estar alerta ante la masificación.
Juan G. Andrés
Donostia. Hoy se efectuará el habitual balance que, al término de cada edición, realizan los organizadores del Jazzaldia donostiarra, cuya 42ª edición concluyó ayer. No es difícil imaginar el tono del discurso triunfalista que Miguel Martín, director del certamen, pronunciará ante los medios, máxime cuando en las dos presentaciones al inicio del festival adelantó que éste sería "brillante".

En vista de que los conciertos de la Zurriola han estado más concurridos que nunca, seguramente confirmará que se ha batido el récord de público asistente, lo cual es muy probable, habida cuenta del continuo llenazo que también han registrado las actuaciones de la Trini y el resto de recintos festivaleros.

Efectivamente, la edición del recién clausurado Jazzaldia ha sido brillante, pero no redonda: es difícil, por no decir imposible, que cualquier festival de estas características lo sea. Las siguientes líneas tienen como objetivo hacer hincapié en las nubes y claros de un festival en el que, afortunadamente, han predominado los segundos. Y no sólo por la calidad de las actuaciones, sino también por la bendita meteorología: hacía tiempo que la lluvia no empañaba, al menos, una de los múltiples conciertos programados al aire libre.

las nubes... Apostar por las viejas glorias tiene un riesgo. Y las actuaciones de Isaac Hayes y Sly & The Family Stone se quedaron a medio camino. Al menos, la familia musical que hace 40 años alumbró éxitos como Dance to the Music ofreció un concierto tan divertido -impresionante el salto de casi dos metros que se marcó desde lo alto del escenario- que al público poco le importaron los fallos técnicos y que Sly Stone pareciera más muerto que vivo.

La esperada actuación de Madeleine Peyroux, precedida de toda su pompa y su circunstancia, tampoco convenció a buena parte de la audiencia. Nadie quería decirlo muy alto para que no le miraran raro, pero su recital no estuvo a la altura de quien se supone que es la estrella del jazz vocal del momento.

Y otra cosa. El festival debería combatir la contraprogramación que él mismo guisa y los espectadores nos comemos. No es de recibo que para disfrutar de los conciertos de Bryan Ferry o Van der Graaf Generator haya que abandonar, sin que hayan concluido, las actuaciones de Corea-Burton y la Vienna Art Orchestra.

...y los claros Ha sido un acierto incluir el Peine del Viento como escenario del Jazzaldia. Este año el objetivo era conmemorar el 30º aniversario de la instalación de las esculturas de Eduardo Chillida, pero sería bueno que, efemérides al margen, el festival contara de aquí en adelante con este espacio que en la jornada inaugural acogió las bailongas actuaciones de Wagon Cookin' y DJ Solal.

Otro gran descubrimiento ha sido la quedona Sala Club del Victoria Eugenia, donde en próximas ediciones podrían celebrarse más espectáculos de medianoche. El espacio, además, ha sido empleado también para dar ruedas de prensa con sabor cool. Allí se hizo justicia al otorgar a Wayne Shorter el Donostiako Jazzaldia, premio que el saxofonista agradeció con una estupenda actuación, la mejor de las presentadas en los recintos cerrados.

En lo que a la Trini se refiere, hubo dos sesiones que, por sí solas, justifican la celebración de esta edición: Chick Corea y Gary Burton, por un lado, y Pat Metheny y Brad Mehldau, por el otro, exquisitos ambos. También tuvieron una alta calidad las propuestas de Richard Galliano y el tercer dúo de lujo, protagonizado por Elvis Costello y Allen Toussaint.

Quizá la mejor baza del Jazzaldia sea su tirón popular y, sobre todo, ese sinfín de conciertos gratuitos que diariamente se ofrecen en la Zurriola y las terrazas del Kursaal. Pueden estar tranquilos los organizadores, porque es obvio que la fórmula funciona y está más que consolidada desde que el verde gigante cervecero entró a patrocinar el evento.

Pero cuidado. El secreto está en no relajarse y dejar que algo que marcha bien siga creciendo y creciendo sin control: la masificación no le haría ningún bien a este gran festival que se desarrolla en esta pequeña ciudad desde hace más de cuatro décadas.
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