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Hasta que en septiembre los estudiantes y clientes habituales vuelvan a llenarlas, el verano también llega para las bibliotecas, que ven cómo sus mesas y sillas se vacían. |
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La mejor sombra
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Las bibliotecas permanecen algo más desiertas ante los cambios de hábitos de los lectores, convertidos en turistas. En pueblos como Eltziego, la población se duplica y la demanda aumenta.
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Andoni iturbe
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Bilbao. Las bibliotecas tienen clientela fija durante todo el año pero en verano el panorama tiende a ser bastante desolador. No siempre. Una empleada de una biblioteca rural de Eltziego considera que en general no se preparan lo suficiente para verano. "En nuestro pueblo sí notamos el cambio ya que prácticamente se duplica y hay más demanda", nos comenta.
El resto de las bibliotecas sufren la misma transformación de las ciudades y municipios, desiertos ante la salida en masa de los turistas y salvo excepciones, es un lugar aún más plácido. "Nosotros en principio no hacemos distinción de temporadas, porque durante todo el año procuramos realizar la misma labor de promoción y difusión, bien presencial bien a través del portal de la red de bibliotecas", nos afirma una responsable de una biblioteca de ciudad. Detrás de esas buenas palabras existe una realidad ya evidente que muestra las nuevas necesidades del usuario, que ya no acude con el mismo ímpetu que antaño, cuando la biblioteca era el nexo de unión con la información y la cultura.
Las bibliotecas siguen en plena transformación en la era de las nuevas tecnologías. Las autopistas de la información se han convertido en un gran atajo para consultar on line bibliografía o acceder a datos impensables en otros tiempos. Ante todo esa cambio, desde Eltziego nos afirman que "la biblioteca se manifiesta como el motor de gestión de toda la información. Las nuevas tecnologías nos exigen nuevas formas de administrar esa información por eso la función de la Biblioteca es gestionar esa información con nuevos soportes para satisfacer al usuario". Y claro para adaptarse a esta inquietud se requiere dinero... y algo de imaginación. "Aunque siempre contamos con presupuestos muy ajustados, intentamos que los medios sean atractivos y estén acordes a los tiempos", coinciden las dos fuentes consultadas.
El debate está a la orden del día entre los profesionales. Pero los usuarios van a piñón fijo con su cita habitual con su txoko. Los de siempre, aquellos que acuden a su cita diaria con los periódicos, mantienen sus rutinas, y los ocasionales, en busca de consultas casuales, entran en chanclas en busca del vídeo, libro o cedé de turno.
Esas visitas también pueden ser forzadas, en busca de la concentración deseada. Aitor, de Bilbao, es de los que piensa que merece la pena intentar estudiar en una biblioteca. Acude con su material y el i-pod a Bidebarrieta. "En casa hago poca cosa e intento venir todos los días", nos afirma mientras hace una pausa para fumar un pitillo.
Este estudiante de 5º de Químicas acude con su parienta a la biblioteca, lugar que muchos confunden con una sala de estudios. "También solía ir a allá", recuerda. Lo del i-pod también tiene su explicación. "Muchos aitites hacen mucho ruido con el trajín de los periódicos y no queda más remedio que escuchar un poco de música".
Le han quedado cuatro para septiembre, pero no pierde el sentido del humor. Y sigue pensando en inspirarse entre libros. |
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