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Todos aquellos que se acerquen hasta este paraíso del subsuelo en Karrantza podrán disfrutar de uno de los caprichos más extraños de la naturaleza. |
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Un tesoro bajo tierra
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Las cuevas de Pozalagua destacan por sus estalactitas excéntricas que adoptan increíbles figuras. Este museo bajo tierra puede visitarse durante 45 minutos.
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Iñaki Makazaga
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bilbao. Karrantza esconde bajo tierra uno de las cavidades más importantes del mundo por sus curiosas formaciones. Se trata de las estalactitas excéntricas. Delgadas, brillantes, frágiles retan a la gravedad creciendo hacia todas direcciones adoptando increíbles figuras. Un espectáculo para el que ahora en verano hay que ir abrigado. A 13 grados se desarrolla la vida en las profundidades de Karrantza y más en concreto en Pozalagua, una cueva abierta por vacaciones.
La casualidad quiso desvelar este secreto. Una cantera realizó una explosión en 1957 a dos kilómetros de la aldea de Ranero, concretamente bajo la peña del mismo nombre. Explotó un barreno y dejó al descubierto esta gran sima. Gracias a este suceso, actualmente puede contemplarse en esta cueva de la zona más occidental de Bizkaia, una de las mayores concentraciones de estalactitas excéntricas del mundo.
Y en concreto estas formaciones que despertaron la curiosidad de los trabajadores de la cantera que asombrados miraban las brillantes paredes en su amplía bóveda central, conocida ahora como la Sala Versalles. Con una longitud de 125 metros y una anchura de 75 se ha convertido en un gran museo bajo tierra. Hasta aquí viajan familias, colegios y empresas durante todo el curso. En verano el horario se adapta a los más viajeros con diferentes sesiones de 11.00 a 18.30 horas. En 45 minutos y acompañados siembre por la mirada de un guía, se pueden recorrer la historia geológica de Bizkaia y por extensión la de todo Euskal Herria. La altura máxima es de 17 metros, aunque en algunas zonas desciende hasta tocar el suelo. En el sector central de esta espectacular cueva hay una partícula de agua permanente de unos 10 centímetros. Además, dispone de tres simas, una de 10 metros de profundidad, otra de 55 y la última de 30 metros. Todo un espectáculo a menos de una hora de Bilbao.
Pero no todo queda bajo tierra. En las inmediaciones de esta cavidad pueden obtenerse unas fantásticas panorámicas de la cuenca de Karrantza. Un buen mirador aparece junto al punto de encuentro de las visitas guiadas por el reino subterráneo. Mediante esta visita, que se prolonga alrededor de 45 minutos, podremos conocer y admirar una de las riquezas geológicas más insólitas del mundo de la espeleología. El itinerario ha sido acondicionado con varias pasarelas con el fin de facilitar el paso por la gruta.
Otro importante mirador bajo tierra aparece también en Ranero. Se trata de La Torca del Carlista, considerada por sus dimensiones una de las mejores simas kársticas de Europa. Su pequeña entrada está casi en la misma cima de la Peña de Ranero y, tras descender 154 metros, se accede a una sala de 500 metros de longitud, 240 de anchura y 132 metros de altura. Hoy día, sólo espeleólogos expertos pueden entrar en la Torca, por su difícil acceso.
La Cueva de Venta Laperra destaca también por albergar en su interior un importante conjunto de grabados prehistóricos, muestra del arte más antiguo del hombre que pobló la comarca. Otra de las cuevas relevantes del valle de Carranza es la de Santa Isabel, que acoge un valioso yacimiento paleontológico donde se han descubierto cráneos de osos y la cueva sepulcral de Aldeacueva.
Espacios que hablan del pasado de Bizkaia de cómo se conformó y de cómo era la tierra antes de la llegada de los hombres. Pozalagua regresa al pasado y ahora en verano deja que Bizkaia le acompañe en este viaje a sus raíces más remotas. |
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