Donostia. El amago de consenso sobre normalización alcanzado el 31 de octubre del año pasado en Loiola entre el PSE, PNV y Batasuna se vio convertido en un espejismo sólo una semana después. El 8 de noviembre los socialistas se levantaron de la mesa al ver que la conciliadora izquierda abertzale de la última reunión daba un giro de 180 grados para mostrar su cara más dura y plantear aspiraciones sobre Navarra que rebasaban todos los límites asumibles por el resto de interlocutores.
"Ya sabéis que en nuestra tierra, en un partido de fútbol, cuando un equipo va ganando 5-0 sus hinchas todavía cantan eso de Todos queremos más". El intento de Arnaldo Otegi de aligerar la tensión acumulada en las tres últimas reuniones trilaterales celebradas en noviembre de 2006 no logró su propósito. La broma la hizo el día 15 de aquel mes, en el último de los once encuentros celebrados en Azpeitia.
Tras el guiño del dirigente de la ilegalizada Batasuna se escondía una inasumible subida del listón de la izquierda abertzale, para la que el borrador alcanzado por los tres partidos el 31 de octubre no era suficiente, a pesar de que en este encuentro no había escondido su satisfacción por ver más cerca que nunca el reconocimiento del derecho a decidir del pueblo vasco, la entidad de Euskal Herria como sujeto de derechos y el compromiso de crear un Órgano Institucional Común para el País Vasco y Navarra con las "atribuciones ejecutivas y de propuesta legislativa" que se acordaran según el ordenamiento jurídico vigente y lo que pudiera negociarse en las mesas multipartitas.
A pesar de todo, pidió más. Nada menos que eliminar la capacidad de veto de las Cortes Generales españolas sobre el acuerdo final que alcanzaran las Mesas de Partidos del País Vasco y Navarra. Para Batasuna, el "único límite" de lo que se gestara en Hegoalde debía ser "la voluntad popular", lo que suponía la modificación del punto 1.2 del preacuerdo. Así lo plantea en la reunión del 8 de noviembre, en la que también pide que la referencia a la posibilidad de debatir todos los proyectos se complete con la alusión expresa a las opciones "autonomista, federalista e independentista". Los socialistas no creían que hubiera que precisar tanto.
Pero lo que rompió definitivamente la mesa fueron las aspiraciones de Batasuna en el apartado sobre la articulación territorial (1.4): la izquierda abertzale consideraba imprecisas las atribuciones y funciones del Órgano Institucional Común pactado y rechaza que nazca atado a la legislación vigente.
parlamento a cuatro No quería correr el riesgo de que este órgano tuviera un mero papel testimonial. Exigió mucho más: un Parlamento para los cuatro territorios con capacidad de determinar el futuro político e institucional de Hegoalde y que elaborara un Estatuto de Autonomía para Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra en dos años.
Para el PSE-EE, semejante órdago resultaba inasumible. Los representantes del PNV también advirtieron de que no podían aceptar esa repentina subida de listón "ni como demócratas ni como abertzales". "¿Creéis que los socialistas están al límite?", preguntaba Arnaldo Otegi insistente a Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu. Se demostró que sí.
La campanada de Batasuna el 8 de octubre es interpretada por socialistas y jeltzales como un aumento del nivel de exigencia de ETA a los interlocutores de la izquierda aber-tzale en la mesa de Loiola, en un momento en el que perciben que Otegi, Rufi Etxeberria, Olatz Doñabeitia y Arantza Santesteban parecen funcionar como meros "transmisores" de la organización armada.
Las palmadas en la espalda y las caras relajadas del 31 de octubre han desaparecido una semana después. El PSE sabe de antemano que Batasuna llega al encuentro con una nueva propuesta y tiene preparado un texto alternativo que pasa por ser una enmienda a la totalidad al borrador consensuado en octubre. Todo se empieza a torcer.
batasuna titubeante Los interlocutores de Batasuna parecen confusos. Titubean a la hora de presentar al resto el texto en el que plasman su alternativa a los puntos 1.2 y 1.4. Finalmente lo ponen sobre la mesa. Arantza Santesteban se mantiene cabizbaja. Los socialistas no ocultan su indignación.
En una nueva reunión, el 10 de noviembre, Batasuna sigue en sus trece. Argumenta que no puede presentarse ante su gente si no se acepta su reinterpretación de los dos puntos de la discordia, sobre la territorialidad y el derecho a decidir. El PSE-EE recuerda que también tiene en la recámara un texto que echa por los suelos lo consensuado el 31 de octubre. El PNV trata de mediar y se encara con los emisarios de la izquierda abertzale. Les acusa de olvidar lo prometido en Anoeta y pretender imponer sus condiciones. La reunión coincide con los altercados con la Ertzaintza en Bilbao, en los que los radicales rociaron con gasolina a dos municipales.
En el último encuentro, el 15 de noviembre, todo parece perdido. El PNV aporta sus propios matices al texto para tratar de acercar posiciones, pero la izquierda abertzale dice que no pasará por el aro. Otegi, no obstante, no oculta su preocupación "Están los socialistas al límite?", insiste, en petit comité, a los jeltzales. Lo estaban. En lo que quedaba de año tuvieron lugar nuevos encuentros bilaterales. La izquierda abertzale, con serios problemas internos, llega a reconocer al PNV que sus reivindicaciones maximalistas fueron un error estratégico y que sus propias bases en Navarra les tiraron de las orejas por proponer algo "inasumible e irreal".
Pide a los jeltzales que medien ante los socialistas. Éstos trasladan al PSOE el arrepentimiento de la comitiva encabezada por Otegi y plantean que cualquier debate sobre territorialidad cuente con un margen de desarrollo mínimo de dos legislaturas (las dos que quedaban de la actual y las cuatro de la próxima, suponiendo que los socialistas siguieran en el poder). Se abría un resquicio para la esperanza justo cuando la reaparición de ETA en Barajas acabó con cualquier posibilidad de acuerdo a corto plazo. |