 |
|
|
 |
Expulsiones de inmigrantes ilegales llevadas a cabo por la Policía belga durante el pasado año. |
|
| MÁS INFORMACIÓN |
 |
|
|
 |
|
|
Europa y el 'caso Angélica'
|
|
Una niña de once años, que llevaba cinco escolarizada en Bélgica y logró detener un proceso de expulsión junto a su madre, la ecuatoriana y residente ilegal Ana Cajamarca, tras presentar una denuncia por malos tratos policiales; personifica la política de mano dura de la UE ante la inmigración.
|
Angélica Loja Cajamarca, once años, y su madre Ana Cajamarca siguen pendientes de expulsión de Bélgica. Interpeladas el 30 de junio por las autoridades belgas por no tener permiso de estancia legal en Bélgica, permanecen desde entonces encerradas en un centro para inmigrantes indocumentados en las afueras de Bruselas. Angélica y su madre, sin embargo, no son recién llegadas a Bélgica, donde la niña ha permanecido escolarizada durante cinco años pese a que Ana, su madre, es 'ilegal', 'sin papeles'. El pasado lunes sólo una denuncia por maltrato policial interpuesta por su abogada detuvo el proceso de expulsión y puso en evidencia el resurgir del recelo ante la inmigración en Bélgica y en toda la Unión Europea (UE).
El expediente de la niña ecuatoriana y de su madre no es más que un ejemplo, dramático por sus derivaciones humanas, de un fenómeno últimamente reiterado en muchos aeropuertos: el de las devoluciones o expulsiones por la vía rápida de inmigrantes, en muchos casos latinoamericanos.
El problema ya fue objeto de una queja, hace dos semanas, por parte del ministro chileno de Exteriores, Alejandro Foxley, quien, aprovechando la firma de un nuevo tratado de cooperación, se lamentó por el hecho de que muchos de sus compatriotas estén siendo devueltos -"de forma arbitraria", dijo- nada más pisar suelo europeo. Foxley protestó por ello ante su colega español, Miguel Ángel Moratinos. Tampoco han sido pocas las quejas elevadas por el ministro uruguayo de Exteriores, Reinaldo Gargano, por el tratamiento "vejatorio" que se ha dispensado a muchos ciudadanos de su país cuando ponen pie en la "madre patria" española, hasta hace menos de 50 años exportadora de inmigrantes, muchos de ellos con destino a América Latina.
ley sin nacionalidad Pero la inflexibilidad con la que los socios comunitarios aplican la legislación de la UE y sus propias leyes de Extranjería no conoce nacionalidades. En realidad, el 'caso Angélica' tiene muchas más lecturas que la mera pugna entre dos inmigrantes contra la maquinaria judicial del Estado belga: es un síntoma claro de que la UE sigue consolidando una política de mano dura en el tema de la inmigración.
El norte próspero de Europa, entre ellos Alemania, Holanda o Francia, con poblaciones cada vez más ancianas y necesitadas de mano de obra inmigrante, exhiben ahora un recelo ante lo extranjero - -especialmente proveniente del mundo árabe- propiciado, entre otros factores, por el 11-S y los atentados de Londres (julio de 2005) o Madrid (marzo de 2004).
La pujante Europa vive en la contradicción: por un lado necesita la mano de obra inmigrante y por otra teme inundaciones de sus mercados laborales con trabajadores dispuestos a cobrar la mitad o un tercio de lo que se embolsan los empleados nacionales.
Pero esta xenofobia europea de nuevo cuño también se da de fronteras europeas hacia dentro, como se ha visto recientemente con el ingreso de Rumania y Bulgaria (en enero de este año) en la UE: La Europa de la prosperidad consolidada teme la llegada desde el Este de Europa, trabajadores baratos y competitivos.
Quizás la solución venga del viejo refrán "enseñar a pescar" y así lo ha sugerido recientemente el comisario de Justicia de la UE, Franco Frattini, promotor de un ambicioso plan denominado de Inmigración Circular, que fomenta exclusivamente la llegada de aquellos contingentes de mano de obra que cada socio de la UE necesite en su momento. Se trata de una inmigración medida, controlada, que al menos ayudaría a evitar la proliferación de las mafias que se lucran con la miseria de aquellos que intentan buscar en Europa su propia tierra prometida, y evitaría dramáticos naufragios de indocumentados en aguas europeas.
De todas formas, no se trata más que de una "solidaridad egoísta", según opinan los más críticos, para quienes Europa debería seguir siendo ejemplo de acogida y no un castillo inexpugnable a la esperanza. |
|