Carretera y alcohol La muerte de dos personas en Kuartango en un accidente de tráfico provocada por un conductor que conducía de forma temeraria afectado por la ingesta de alcohol reactiva las alarmas sobre la seguridad en las carreteras.
uN conductor joven, un coche potente, alcohol en la sangre y unas cuantas imprudencias basadas en la conducción temeraria. Todos los ingredientes necesarios para que se produzca una desgracia, como pasó ayer en la carretera AP-68 a la altura de la localidad alavesa de Kuartango. Una pareja de 73 y 71 años de edad, de nacionalidad francesa, fallece como consecuencia de un choque por alcance con otro vehículo en el que viaja un joven con una tasa de alcohol que triplica la legal. El parte de incidencias entra por méritos propios en la cotidianeidad de los sucesos luctuosos y diarios en carretera. Cuando los balances de las últimas iniciativas gubernamentales, como el carné por puntos, indican un descenso generalizado de las muertes en carretera, noticias como la de ayer en Araba concitan la duda. Es verdad que en la actualidad, y desde la entrada en vigor de reglamentos más duros a la hora de sancionar, la estadística de fallecidos en accidentes de tráfico ha descendido en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Los fríos números indican que a lo largo de los seis primeros meses del presente año habían muerto 36 personas, once menos que en el mismo periodo del año anterior. Desde la Dirección de Tráfico del Gobierno vasco se ha destacado, en numerosas ocasiones, la idoneidad de la puesta en marcha de diversas campañas con las que se han intentado reforzar los hábitos que priman la seguridad por parte de los ocupantes de los vehículos. Estas medidas, unidas a una mayor presencia de la Ertzaintza en las carreteras y la aplicación de las modificaciones de la ley en las que se contemplen penas de cárcel para los infractores graves, conforman un panorama de futuro que hará pensar a más de uno cuando pise el acelerador o se beba una botella de vino con la comida. El joven que provocó el accidente de ayer fue detenido por conducir de forma temeraria acusado de homicidio imprudente. En el caso de que prosperen las reformas que la Dirección General de Tráfico pretende introducir en el Código Penal, la cárcel podría haber sido su destino directo. Los estudios dicen que el colectivo de conductores de edades comprendidas entre los 19 y los 25 años (el 20% de la población estatal) supone el 30% de los muertos en carretera. La educación con metodología de prevención parece la única forma de que estos chavales sepan que cuando se suben a coches potentes deben respetar las normas igual que se viajaran en vehículos de segunda mano. Y los padres están obligados a asumir la tarea de concienciación que, en muchas ocasiones, dejan en manos de las autoescuelas. Un drama el de la carretera que requiere análisis casi a diario para establecer las normas, mejoras e iniciativas necesarias para reducir la sangría de fallecidos que cada año engrosa la estadística. Pero lo tenemos que hacer entre todos.