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20-08-2007
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Un cartel refleja la subida de 40 céntimos que experimentó la leche en Alemania de la noche a la mañana.
Ekonomia
¿Es la leche el nuevo oro líquido?
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¿Es la leche el nuevo oro líquido?
La subida de los precios de los productos lácteos en Alemania ha recuperado la hipocondría económica. Aún así los ganaderos no están satisfechos. Además la coyuntura mundial no es muy favorable: la demanda sigue aumentando mientras la producción se estanca.
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PRIMERO fue la leche. Su precio experimentó una ligera subida, aunque nada exagerado: entre cinco y diez céntimos. Pero se temía lo peor. Días después le tocó el turno a la mantequilla. Y ahí el repunte fue bastante más significativo: un 50%. O lo que es lo mismo, un paquete de media libra pasó a costar de la noche a la mañana casi 40 céntimos más ante la sorpresa de los consumidores. Pero aún queda por llegar, porque los yogures y el quark se encarecerán notablemente durante los próximos días.

En Alemania se ha desatado una pequeña histeria colectiva ante el alza de precios que han registrado los productos lácteos y sus derivados. Era una "burbuja que tenía que explotar" en algún momento. Así lo entienden muchos analistas e institutos económicos del país. Durante años, los jefes de las grandes cadenas comerciales como Lidl, Aldi o Edeka (muchas de las cuales están presentes también en media Europa) se habían reunido con las principales centrales lecheras para negociar los contratos. Y para nadie es ya un misterio que estos encuentros siempre han sido una lucha entre desiguales. Los grupos comerciales han tenido hasta ahora a los productores de leche contra las cuerdas y han conseguido, sin demasiado esfuerzo, presionar para mantener unos precios asequibles del blanco líquido. Los ganaderos tampoco tenían otra salida dada la existencia de excesiva oferta.

Repunte inflacionista

Pero ahora las cosas cambian. De repente, el blanco líquido parece tornarse dorado. Su valor sube como la espuma en cuestión de días y la alarma se enciende. Esto en un país en el que la acusada fase de vacas flacas de los últimos años ha consolidado un carácter hipocondríaco de manera que cualquier pequeño desvío en los indicadores macroeconómicos se observa como una catástrofe. Y eso que el año pintaba muy bien para todos, pero los datos anunciados esta semana de que el Producto Interior Bruto no crecerá de la misma manera que en el primer semestre, sino que experimentará una desaceleración, no hacen sino meter más el dedo en la llaga. Los datos que también estos días ha publicado el Instituto Federal de Estadística (Destatis) arrojan una inflación del 1,9% en julio respecto al año anterior. Esta subida está basada fundamentalmente en el encarecimiento de la energía y de los productos alimentarios. La leche entera un 7,8% y la mantequilla un 3,9%. No obstante, estos indicadores contemplan sólo, de momento, la evolución del mes pasado, en el cual las variaciones todavía fueron leves. Agosto será la referencia para saber cómo realmente se resentirán los bolsillos de los alemanes.

¿Pero tanto afecta en realidad este aumento de precios en los productos lácteos y sus derivados? ¿Puede desestabilizar el consumo interno en un país en el cual éste últimamente siempre ha sido su talón de Aquiles? Según explican fuentes de Destatis y del Instituto de Economía Alemán con sede en Berlín (DIW), "esta situación apenas supondrá un contratiempo, ya que el porcentaje que estos productos representan en la cesta de la compra del ciudadano es de un 1,4%". En este sentido, una subida como la de la leche -de un 10% aproximadamente- supone a efectos reales un 0,1% del gasto total de un ciudadano.

No parece ser demasiado. Sin embargo, el temor que invade es que otros productos, como cereales y piensos, van a registrar importantes subidas en los próximos tiempos, lo que podría perpetuar una excesiva inflación de los alimentos. Aquí se unen varios factores: por un lado, un vertiginoso aumento de la demanda en todo el planeta. Otro hecho lo marcan las malas cosechas que va a haber en muchos lugares: un comienzo de año muy seco y caluroso y un verano húmedo no ayudan. Ni ayuda a la producción de cereales ni a que las reses tengan suficiente comida. Y finalmente, no queda duda alguna de que todo esto se verá agudizado por el incremento en la demanda mundial de biocombustibles, que en 2012 podrían representar hasta el 8% de todos los carburantes frente al 1% actual.

El factor chino

Hay quienes siempre encuentran fácil echarle la culpa de todos los males económicos a los chinos. Lo cierto es que todo apunta a que los radicales cambios en cuestión de pocos años en la conducta del consumidor de este país oriental están causando estragos y desequilibrando el mercado. Hace cuatro días sus habitantes apenas bebían leche e incluso se hablaba de un problema de unas determinadas encimas que les faltaban que provocaban que les sentase mal. El mito se desmiente por sí solo, porque en la última década China ha doblado su consumo de leche, convirtiéndose en la actualidad en uno de los mayores importadores del mundo con cerca de dos millones de toneladas anuales.

Y mientras en Beijing y otras ciudades chinas se implementan programas escolares con la bebida del calcio, en Alemania y en Europa se discute sobre cuotas de producción. La eterna batalla perdida de los ganaderos en un continente que desde hace tiempo prefiere mirar hacia el sector servicios. Y eso que algunos países europeos son grandes exportadores de leche y productos lácteos. Entre ellos, los teutones toman la batuta. Pero la producción a escala planetaria se encorseta desde 2004 frente a la ingente demanda y en 2006 ya se ha visto desbocada.

La comisaria europea de Agricultura, Mariann Fischer Boel, ha asegurado que quiere terminar con el sistema de cuotas que regula la producción lechera de la UE, pero, de acabar, será como pronto a partir de 2015. Nada de perder los nervios, según fuentes de la UE este tipo de situaciones son "asuntos propios del funcionamiento del mercado, de la oferta y la demanda". La cuota, vigente desde 1984, establece, por ejemplo, que 60 vacas deben producir 500.000 litros de leche al año. Fischer Boel intenta salir al paso de esta pequeña crisis lechera aduciendo que "este sector recibe anualmente ayudas comunitarias por valor de 1.000 millones de euros" y que en la reforma que se efectuó en 2004 se prevé un aumento del 0,5% en la cuota de producción de cada país miembro para el periodo 2006-08, medida que "supondrá un millón y medio más de toneladas". La comisión está preparando un informe para finales de año sobre la regulación del mercado lácteo y, además, dentro de la reforma de la Política Agraria Común (PAC) que la UE abordará en 2008 se revisará la Organización Común del Mercado de la leche.

El bálsamo de las exportaciones

Pero estas palabras son para muchos sólo cantos de sirena. Las exportaciones son para los germanos el bálsamo en su economía. Aún en momentos de penuria su balanza comercial siempre ha sido ampliamente favorable y ha ayudado a maquillar otros males. El made in Germany tiene su extensión a la leche. Pero también son importantes sus ventas de mantequilla a países como Arabia Saudí o Irán o de leche en polvo, especialmente a África central y Asia. Una excesiva inflación y un estancamiento de la producción se observan por los analistas como algo preocupante. Más si cabe teniendo en cuenta que otro gran exportador del blanco líquido como Australia ha tenido también un mal año.

En el otro lado se sitúan los ganaderos, quienes reclaman un aumento aún mayor de los precios. A pesar de que ya se están beneficiando de los cambios recientes y reciben más dinero, sus quejas se centran en que la energía se ha disparado más todavía. Y al final la mejora es prácticamente nula. Especialmente en el sur del país, en Baviera, las movilizaciones están siendo muy amplias. Hasta 15.000 productores se concentraron en Munich el martes para defender un precio mínimo de 40 céntimos por litro.

Entre tanto, las autoridades alemanas de la competencia investigarán un posible acuerdo de precios entre los productores de la leche y derivados tras el encarecimiento.

En Alemania se ha desatado una pequeña histeria colectiva ante el alza de precios

Agosto será la referencia para saber cómo se resentirán los bolsillos alemanes
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