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Los paraguas se enseñorearon ayer en El Arenal bajo la atenta mirada del Gargantúa que en la imagen parece que se va a comer a todos los transeuntes. Foto Zigor Alkorta |
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aste nagusia
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Trombas a go-go
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El arranque infantil de Aste Nagusia se pudo hacer ayer sobre piragua. Las tormentas por la mañana suspendieron varios actos aunque padres y niños tuvieron cintura para disfrutar también bajo la lluvia.
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A. García Alonso
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fUE casi un diluvio. Ya de madrugada cayeron unos chubascos que obligó al personal a guarecerse debajo de cornisas de edificios y txosnas atestadas. Luego, con el amanecer del segundo día de Aste Nagusia y el transcurrir de la mañana, las trombas de agua se repitieron intermitentes. La consecuencia... casi todos los actos al aire libre del programa festivo fueron suspendidos y la inauguración del txikigune quedó empapada. Lo mismo que muchos aitas, amas y peques que se refugiaron en los sitios más insospechados para evitar el aguacero impenitente. Menos mal que, según llegaba la hora del vermú, los cielos se fueron abriendo y las trombas desaparecieron. Entonces, como los caracoles, los impacientes chiquillos escondidos de la lluvia salieron para ser degustados por el gargantua en pleno Arenal. El plato gastronómico fue escaso pero variado y el bonachón con txapela se sació a gusto con los más osados.
Por la tarde, los paraguas no pudieron secarse. La intermitencia de los chubascos pilló de improviso a más de un foráneo porque los bilbainos ya están acostumbrados y unas fiestas sin chubasqueros... pues como que falta algo en el programa.
Los nubarrones pesaron sobre los dos actos al aire libre más destacados, la segunda de la feria taurina en Vista Alegre y la caravana de hinchables por la Gran Vía con la ballena y el pulpo como protagonistas. Al final, hubo suerte y pudieron celebrarse sin problema aunque en el caso de la cabalgata, al principio, los asistentes no sólo se mojaron por el agua lanzada por el cetáceo hinchado. Los ángeles que siempre guardan a los pequeños se aliaron para que pudieran disfrutar con la marcha festiva sin mojarse.
La lluvia también sirvió para que la noche de ayer fuera tan tranquila como la del sábado al domingo. Supuso erradicar de noctámbulos el recinto festivo y dar poco trabajo al servicio de limpieza municipal. No hubo necesidad de manguear como en las madrugadas húmedas de alcohol y secas en el suelo.
En la primera noche de juerga tampoco tuvieron mucho lío médicos y sanitarios destacados en los puntos clave de la fiesta. Los de la DYA ayer reconocían, sorprendentemente, que no habían tenido que realizar intervención alguna durante la noche por intoxicaciones etílicas o por ingesta de drogas. Eso sí, alguna pelea hubo. De hecho, un chaval de 17 años tuvo que ser trasladado al Hospital de Basurto tras un altercado, aunque sus heridas fueron leves. Esperemos que siga así toda la semana. |
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