fuegos artificiales
LOS castellonenses de la pirotecnia Peñarroja fueron los protagonistas de la exhibición de ayer, que dejó un buen sabor de boca al público bilbaino. Los más de cien años que esta empresa lleva relacionada con el arte de la pólvora han dado sus frutos y como muestra, la variedad de colores que se pudieron contemplar en el encapotado cielo de la villa. Aunque lo mejor de la fría noche fue la potencia de los fuegos, sobre todo en la traca final, al más puro estilo levantino.
Pese a que la exhibición no sobrepasó los quince minutos que estipula la organización, el público no protestó y se limitó a aplaudir la colección de Peñarroja. Al compás del pim, pam, pum. Pero antes del apoteosis final, la exhibición tuvo algún que otro altibajo. Lo peor, el recurso fácil de repetir una y otra vez las series de fuegos bajos. Lo mejor, los pececillos que tomaron buena parte del cielo y que arrancaron una gran ovación del respetable. Antes de llegar a la traca final, una serie de palmeras doradas sirvió para enlazar la muestra y darle un color diferente.
Con lo visto ayer, parece que la decimoséptima edición del Gran Premio Internacional Villa de Bilbao de fuegos artificiales va cogiendo ritmo y fuerza. Y los responsables de Peñarroja pueden marchar a su Castellón natal con la cabeza bien alta y eso que era una exhibición. >u. Muñoz
La traca final, pese a ser una composición sin muchas florituras, gustó por su potencia
La exhibición de Peñarroja no sobrepasó los quince minutos que marca el reglamento
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