aLREDEDOR de mil hombres y mujeres lobo, pero de Bilbao, no de París, aullaron al cielo contra las inclemencias meteorológicas previas a la actuación de La Unión en Abandoibarra. Parecía que la cola del huracán Dean azotaba los aledaños del Guggenheim. El viento y la lluvia estuvieron a punto de suspender el concierto de los madrileños, que aguantaron el tipo y acabaron tocando ante apenas un millar de fans, bien ataviados con chubasqueros y paraguas. Al final, las canciones clásicas del trío, modernizadas a través de la electrónica y con la vista puesta en el baile, pudieron más que el cielo.
Eran las 23.30 horas, momento previsto para el inicio del concierto, y el cielo se rompió. !Y de qué manera! La cosa pintaba mal, con la gente refugiándose donde podía, en las txosnas y bares cercanos, o apoyándose en la pared del museo. "¿Quién iba a pensar que el Dean llegara a Bilbao?", comentaba con buen humor un grupo de jóvenes. "Venga, Rafa, salid ya", apostillaban. El líder de La Unión les hizo caso, aunque hubo que esperar 30 minutos a que el escenario, bafles y conexiones se secaran.
El trío, reforzado con un teclista y una batería escocesas con buenas maneras a los coros, arrancó con Vuelve el amor. Pronto quedó clara la apuesta actual de la banda, explicitada en su último disco, Love sessions (Wea). Ha optado por reinventarse a ritmo de música electrónica y bailable, clásicos incluidos.
Lo comprobamos con Más y más, con un puente en el que sonó el mítico Sunny, de Bobby Hebb, en la que Rafa (con gafas de sol, sí, delgado y magnífico de voz) se contoneaba sensual cantando "haz conmigo lo que quieras, nena", ante el éxtasis de sus fans. "Aunque caigan chuzos de punta, ésta puede ser la noche", gritaba Rafa, siempre contoneándose y magnífico entertainment, que no cesó de animar al público en cada canción, con invitaciones habladas a lo Barry White.
El aire tampocó cortó al cantante, que volvió a introducir otra morcilla, como los teatreros, al añadir unos versos de otro clásico, Fever, en su interpretación de Falso amor, popularizado en su día por Soft Cell como Tainted love.
No siempre las programaciones electrónicas encontraron la sintonía necesaria con los temas clásicos, especialmente en los más pop, como en Fueron los celos, en los que Mario, con sombrero, sacó un solo casi heavy de su guitarra, aunque sí engarzaron bien en otros como el sensual y lento Negrita, a ritmo hip hop y con un caliente Rafa, que sacó un repertorio de constantes referencias negroides, principalmente del funk y del soul, y de alto octonaje sexual, y acabó quitándose la chaqueta y se quedó en mangas de camisa. "Hace mucho calor aquí, en Bilbo", dijo, ante la incredulidad general.
Para la conclusión, tal y como se esperaba, con la pantalla de vídeo bamboleándose por el viento, sonó, casi bakala, Lobo hombre en París, con los fans pegando botes, acercándose a ese cielo peleón que había marcado la velada. "Buenas noches, lobos y lobas, la noche empieza ahora", se despidió Rafa. Mojados, puede, pero cada uno marchó a buscar su presa.
La paciencia del público, que soportó la lluvia y el viento sin inmutarse
La climatología adversa mermó la asistencia al concierto, que casi se suspende
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