|
|
|
Mesa de redacción
|
|
Cortar por lo sano
|
|
Juan Carlos Latxaga
|
|
 |
nICOLAS Sarkozy es un tipo que tiene fama de no tener pelos en la lengua. Es uno de esos políticos que llegan a las masas por lo directo de su mensaje y por decir esas cosas que muchos quieren oír. Era ministro de Interior cuando los coches ardían a millares cada noche en los suburbios de las principales ciudades francesas y su actuación más destacada, amén de enviar a todos los CRS disponibles a apalear a los incendiarios, fue acercarse él mismo una noche a uno de aquellos barrios para llamar gentuza a sus vecinos. Lo más parecido que recuerdo fue una actuación del difunto Jesús Gil en Puerto Banús al frente de una cuadrilla de matones de su seguridad privada, llamando vagos y drogadictos a todos los que se encontraba a su paso. Eran los primeros tiempos del Gil alcalde y él también recibió entonces la aprobación popular en forma de aplauso y votos. No es cosa de comparar al uno con el otro, porque ninguno de los dos ha inventado el populismo, ni serán los últimos en ganarse el favor de la sociedad en un momento determinado con un discurso alejado del políticamente correcto. Y el último de Sarkozy promete mucho, sin duda. Ha anunciado que abrirá hospitales especiales destinados a pederastas en los que éstos podrán elegir entre ser sometidos a castración química o pasar encerrados el resto de sus vidas. No dudo de que serán muchos los honrados ciudadanos que aplaudirán la iniciativa, al menos tantos como los que proclaman que si ellos fueran presidentes del Gobierno arreglaban esto en dos días. Y 'esto' puede ser la inmigración, el precio de las hipotecas, los atascos en la autopista o el calentamiento global. Una cierta mano dura siempre tiene predicamento entre cierta gente y, a fin de cuentas, Sarkozy ha hablado de castración química, no de machacársela con dos piedras.
jclatxaga@deia.com |
|