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Un joven fotografía desde tierra el mascarón de proa del buque escuela, una recreación del último emperador azteca, Cuauhtémoc. |
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El caballero de los mares
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El buque escuela Cuauhtémoc, amarrado junto al Museo Marítimo de Bilbao hasta el jueves, ofrece la posibilidad de ser visitado y de conocer los secretos de la navegación de altura y la cortesía de los cadetes de la Marina mexicana.
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Javier Fernández
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SON viejas leyendas, historias de amores y desamores escritas con el veterano salitre que condimenta las aguas que golpean los puertos de aquí y acullá. En todas ellas, vengan de la latitud que vengan, resuenan esas mismas palabras: amor-desamor-puerto. Recorrer la cubierta del Cuauhtémoc y escuchar a su tripulación, también. Ayer, apoyado en la proa de este buque escuela amarrado junto al Museo Marítimo de Bilbao, un cadete de la Marina mexicana canturreaba una ranchera que hablaba del dolor por la ausencia.
Como él, otros 273 tripulantes exploran los mares y océanos del globo al tiempo que son formados como oficiales. Conviven durante largos periodos alejados de sus familiares y seres queridos, pero consiguen conocerse mejor que nadie. Al mando de todos ellos desde el 1 de octubre del pasado año, el comandante Mario Carbajal.
Este velero, con más de noventa metros de eslora arribó el sábado a una capital que bullía en fiestas. Y lo aprovecharon. Al menos, aquellos que no tuvieron turno en cubierta y otras dependencias de la embarcación. Agarrados a las jarcias disfrutaron del concierto de Miguel Bosé en Botica Vieja.
Ayer, los recompensados con este premio no paraban de comentarlo a los bilbainos y foráneos que visitaban el barco para conocer los entresijos de la navegación de ultramar. Otros, aprovecharon la mañana para hacer deporte por los aledaños del Museo Marítimo. Cuando pongan rumbo a alta mar dejarán atrás sus horas de asueto jugando al turcobeis y cantando. Eso sobre todo.
De popa a proa, decenas de guardamarinas uniformados de blanco impoluto del que únicamente discrepa el dorado de la hebilla, atendían cortésmente a los cientos de visitantes que ayer subieron la escalinata al barco. Por eso, este velero es conocido como el caballero de los mares.
Un mensaje de amistad Menciones y galardones
Y es que, además, de su finalidad educativa y formativa, "el Cuauhtémoc lleva el mensaje de amistad del pueblo de México al mundo", atestiguaba el oficial de máximo rango. Buena prueba de ello es la mención al entendimiento internacional recibida en 1998, tras la celebración de la prueba Cutty Sark. Y como muestra de su pericia, el galardón por la entrada más espectacular hace cuatro años en el puerto de Rouen, en Francia. De hecho, desde su primera singladura (Atlántico, 1982) hasta la última este año (Báltico) este velero construido hace veinticinco años en los Astilleros Celaya y Euskalduna, las veinticuatro generaciones que han recibido instrucción militar también han sido educados en valores como la solidaridad, la paz y el respeto, todos ellos más universales incluso que la propia guerra.
Únicamente los dos cañones Schneider Creusot-Haver recuerdan al visitante que taconea sobre la cubierta de madera que está en un buque concebido como escuela, pero de oficiales de la Marina.
Más que militares son caballeros. Sonríen a las señoras y señoritas, atienden a los varones y responden disciplinadamente a las órdenes de sus superiores. A la una del mediodía, por ejemplo: Personal de guardia a cubierta. Y acto seguido, cuatro muchachos disponían otra escala para facilitar el acceso a su barco. En total, confesaban orgullosos los guardamarinas, durante todos estos años, han completado 23 vueltas a la esfera terráquea por el Ecuador. El último emperador azteca, Cuauhtémoc, vigila desde la proa las travesías vitales de cientos de jóvenes mexicanos. |
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