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Miguel Bosé, chulesco y vestido completamente de negro, no paró de moverse sobre el escenario de Botica Vieja. |
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aste nagusia
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Papi... chulo
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Miguel Bosé reventó Botica Vieja en la despedida musical de Aste Nagusia. Todos sus éxitos, de los adolescentes a los actuales, sonaron ante una multitud arrebatada, especialmente la femenina, que rondó las 50.000 almas, según fuentes municipales.
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A. Portero
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dE asustar, ¡oiga! Han pasado poco más de 24 horas, pero lo de Miguel Bosé en Botica Vieja es ya histórico. Cortes de tráfico, invitados VIP en el foso a patadas, gente en el Puente Euskalduna, el metro a tope... Lo más heavy sobre el escenario tras la exhibición de Fito y Fitipaldis, sin duda. El concierto fue lo que se espera de Bosé, un artista con voz escasa, inteligencia y carisma por encima de la media, palmito exageradamente atractivo, según los piropos lanzados por su público, algunos irreproducibles, un repertorio trufado de éxitos y un show de primer nivel. En la presentación bilbaina de Papito, su último cd, Bosé fue Papi... chulo.
Se veía venir, la verdad. Papito es el disco más vendido en lo que llevamos de 2007. Además, ha colocado más de un millón de copias en todo el mundo en tiempos de piratería extrema. El reto estaba en comprobar su tirón sin colegas como Alaska, Paulina Rubio, Amaia Montero, Shakira, Ricky Martin, Alejandro Sanz o Juanes, que le acompañan en el disco. ¡Prueba superada! Sonó Sereno en el arranque del recital, pero la gente estaba de todo menos calmada. Los ritmos electrónicos y bailables excitaron aún más a la gente (decir la peña estaría mal, había mucho VIP, escoltas incluidos, que se lo pusieron difícil a la prensa y a los técnicos para trabajar en condiciones), femenina especialmente. Y de los 30 años en adelante, en su mayoría.
Mujeres que conocieron Duende a los primeros acordes, antes de su estribillo, "están de pie, paraos...". De pie, sí, pero parados... Allí no paraba nadie. Los bailes y saltos eran constantes ante "ese modo de andar" de Bosé, "ese look cha cha cha". Bosé, chulesco, iba de negro de los pies a la cabeza, con bigote de varios días y... muchas ganas. Arrancó casi discotequero, dominando pronto un escenario enorme, con escaleras en su centro, magnífico juego de luces y proyecciones luminotécnicas desde el fondo. Saludó en castellano y euskera, y la histeria se desató, aunque sonó la casi desconocida El hijo del Capitán Trueno y los ánimos se calmaron. Algo, al menos, ya que una gritó "quítate la chaqueta" a las primeras de cambio animó al personal. Llegó Bambú y estallaron los "guapo" y "torero" de turno al ver al divo paseándose junto a las dos coristas, alternando pasos coreográficos estudiados.
La oscura Gulliver regaló los primeros ramalazos heavy de los guitarristas del grupo, que contaba con el vasco Mikel Irazoki al bajo. Un irrintzi enloquecido lanzado desde el foso introdujo Sevilla, con las chicas cantando con pasión "el corazón que a Triana va...". Cada movimiento era un piropo. Daba igual que Bosé ya no baile desde hace casi dos décadas. Ahora, a sus 51 años, lo mismo ensaya un paso de ballet que una kata, se toca el paquete, a lo Michael Jackson, o menea sensual el culo. La respuesta es la misma, un guiño lujurioso de ellas.
Cuando Bosé atacó Partisano, ya sin chaqueta, su camisa negra chorreaba. No era la única. "Si estoy hasta mojada, joder", le decía la del irrintzi a su compañera. El hijo del torero entró a matar con un puente en el que recordó viejos éxitos, de Señora a los saltarines Don Diablo y Super, Superman, pasando por Creo en ti, la mítica Linda, con el público tapando la voz de Miguel en el estribillo, o una íntima Amiga, seguida emocionada en la primera fila por una joven latinoamericana. "No había nacido cuando la hizo, pero ¡es tan bonita!", nos explicaba. Les siguieron las románticas Morir de amor y un Te amaré que fue respondido desde el foso por un "yo también". Canalla y sonriente, Bosé respondió con los ritmos reggae de Los chicos no lloran y Morena mía, su éxito actual, que cerró con un "viva la madre que os parió a todos".
Chulesco y sensual, interpretó Como un lobo. Y Bosé siguió hincando el diente a su presa con Nada particular, que precedió a un bis sin respiro, perfecto para acompañar la lipotimia. Arreciaban los irrintzis y los "guapo" cuando Miguel interpretó La belleza (balada de Aute) con una cruz como fondo de escenario. Le siguió Olvídame tú, una petición casi imposible para muchos esa noche, y un Amante bandido en plan discotequero y con guitarras heavy que hizo mover la estructura de los edificios más próximos. Ahí, Bosé, ya se había desatado. Contoneándose como un cruce de Raphael y Naomi Campbell, repitió Nena y se fue, satisfecho y chulo. Si en el próximo dvd de la gira no incluye imágenes de Botica Vieja, es que está loco. ¡Una barbaridad, oiga! |
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