Sir John Brian Pendry marcó hace un año el inicio de la carrera hacia la invisibilidad. Este científico inglés es uno de los nombres que suenan este año con fuerza como candidato al Premio Nobel de Física por sus descubrimientos en este campo, que tanta repercusión han tenido DONOSTIA. En octubre del pasado año Pendry y sus colegas lograron ocultar un cilindro de cobre de cinco pulgadas iluminándolo con un haz de ondas electromagnéticas. La experiencia no funcionaba a la luz visible, pero sí en el espectro de frecuencias de radar. Por primera vez quedaba demostrado que la invisibilidad no sólo era fruto de la imaginación de los novelistas. Pendry, miembro del Comité Asesor del CIC-Nanogune de Donostia y padrino de la tesis del físico Pedro Miguel Etxenike, intervino la semana pasada en el congreso sobre nanotecnología, que tuvo lugar en el Kursaal donostiarra.
¿Lograr la invisibilidad es cuestión de tiempo?
Mi teoría se puede aplicar a cualquier campo visible, aunque los experimentos son más exitosos en el caso de las ondas de radar. Ya se ha demostrado que es posible crear un manto de invisibilidad.
¿Se podría llegar a hacer invisible esta misma mesa junto a la que discurre la entrevista?
Invisible para ondas de radar sí, fácilmente. No hay más que apuntar esas ondas hacia la mesa de modo que éstas continúen su camino esquivando el objeto como si en realidad no hubiera mesa. Para ello hay que crear un manto de invisibilidad que consiga desviar la luz. Para el observador, el rayo de luz pasa recto, como si no hubiera objeto, y por lo tanto no lo ve.
¿Y cómo se crea ese manto?
En realidad, echamos mano de un truco similar al efecto óptico que provoca el espejismo de una carretera de la que emana calor. Cualquier conductor sabe que le devuelve una imagen como si hubiera agua en ese tramo cuando en realidad lo que estamos viendo es el cielo, que se proyecta a través de rayos de luz. Al estar la carretera tan caliente, se crea un gradiente, un cambio de índice de refracción en el aire que es el que provoca que se doblen esos rayos. Ahí estaría el manto que necesitamos. Mi experimento está basado en el mismo sistema.
Lo que vemos es un espejismo de lo que está detrás...
Eso es, por eso resulta invisible, aunque en realidad el objeto esté ahí.
¿Y este experimento se puede aplicar también a personas?
Sí, siempre y cuando consigas colocar a esa persona en el lugar adecuado. El sistema está basado en rodear el objetivo con un material que desvía los rayos de luz.
A Harry Potter le ha salido un duro competidor...
(Sonríe) En realidad no puedo competir con Harry Potter porque es bastante más famoso que yo (sonríe de nuevo). Hay, además, otra persona que vive cerca de él y que tiene más importancia en este campo. Se trata de Peter Pan, el personaje que pierde su sombra. Y precisamente ése es el quid de la cuestión sobre la que tratamos, ya que para lograr la invisibilidad necesitamos dos cosas: que el objeto tenga un color negro de modo que no refleje nada, pero además eliminar su sombra, que es la parte más difícil de la invisibilidad.
¿Pero este tipo de investigaciones no puede dar lugar a usos poco recomendables?
Por supuesto, como aviones que eludan radares. El poder de la invisibilidad ya es una realidad y también tiene su vertiente negativa. Soy consciente de que su mal uso podría dar lugar a problemas de seguridad.
¿Alguna empresa ha mostrado especial interés por su investigación?
(Sonríe) Todavía no, aunque las primeras aplicaciones se producirán en el terreno militar, ya que ahora el mayor problema es de costo y a los militares no les preocupa tanto los gastos como a las empresas.
Trabajar con la luz, que viaja a 300.000 kilómetros por segundo, es ya de por sí complejo, pero hacerlo a escala nanométrica... ¡debe ser tremendo!
Es todo un reto, y resulta crucial, tanto para la industria óptica como para electrónica.
La lente perfecta con hiperresolución ya existe. ¿En qué se basa?
El secreto de esta nueva lente es que es capaz de extraer imágenes invisibles para el ojo humano. Durante mucho tiempo se pensó que era imposible, hasta que en el año 2000 predije que con la utilización de un índice de refracción negativo se podría construir una lente capaz de extraer ese campo cercano y plasmarlo en una imagen. La lente perfecta puede manipular luz a una escala muy pequeña, tanto que habla con los electrones.
¿Qué aplicaciones puede tener esa lente tan perfecta?
La capacidad de almacenamiento de un DVD es un problema muy acuciante en la actualidad ya que está limitado por la longitud de onda de luz. Pues bien, esta lente tan perfecta puede servir, por ejemplo, para aumentar la capacidad de almacenamiento de cada uno de esos DVD. En concreto, esta potente herramienta podría permitir generar puntos de información más pequeños que darían lugar a dispositivos de almacenamiento óptico más reducidos y que podrían llegar a competir con los dispositivos magnéticos.
¿Se ve como el próximo Nobel de Física?
(Sonríe) Es mejor no hablar del asunto porque creo que cuanto más se hable de ello menos probable es que ocurra.
¿Cómo recuerda a Pedro Miguel Etxenike? Usted fue su director de tesis...
Era un hombre activo y que rezumaba energía por todos los poros de su piel. Creo que escribió más trabajos científicos que nadie durante su época en Cambridge. No es extraño que se haya convertido en un nombre propio como científico, pero una de sus grandes cualidades es su personalidad cálida, ya que es capaz de aproximarse y amoldarse a cualquier tipo de persona.