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Bilbainos periféricos
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Más allá del ajetreo diario de las calles más céntricas de la capital vizcaina, en Buia, Artxanda, Enekuri, Pagasarribidea y Monte Karamelo conviven bilbainos que pueden disfrutar día a día de vivir en plena naturaleza.
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Cristina Carcedo
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Todo bilbaino sabe que la Villa es un gran botxo abrazado por montañas; pero muchos no se han parado a pensar que Bilbao también se extiende por ellas. Dejando a un lado la Gran Vía, Erandio, Deusto o el conocido Casco Viejo, y echando un vistazo más allá del ajetreo de las calles más céntricas, es posible descubrir pequeños barrios que no abandonan sus costumbres tradicionales.
Pequeñas casas o grandes caseríos se extienden en pequeños núcleos por la periferia de la capital vizcaina. Sus habitantes aseguran con certeza que no cambiarían sus viviendas llenas de la nostalgia de tiempos pasados por las del centro de la ciudad; no dudan en que el paisaje, el entorno o incluso el aire que respiran es mejor que los del resto de bilbainos, y que sus calles evocarán siempre lo que fue la Villa antes de convertirse en el reflejo de la modernidad.
Pero no todo es un barrio de ensueño en Buia, Artxanda, Monte Karamelo o Pagasarribidea; no disponen de comercios, centros de salud o colegios, y dependen del transporte público o de sus propios vehículos para poder alcanzar todos esos servicios que los habitantes del botxo poseen a la vuelta de la esquina.
Vecinos de Buia, Enekuri, San Roque, Pagasarribidea y Monte Karamelo nos han abierto sus puertas para demostrar que aún es posible ser bilbaino y convivir con la naturaleza al mismo tiempo, pese a las desventajas y comodidades impuestas con el paso de los años. |
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