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Henin alza su copa sobre los rascacielos de Nueva York. Foto: efe |
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tenis abierto de estados unidos
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Justine Henin se hace grande
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La belga afianza su posición al frente de la clasificación de la WTA tras endosar un contundente 6-1 y 6-3 a la rusa.
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Santiago Aparicio
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nueva york. La belga Justine Henin conquistó el Abierto de los Estados Unidos por segunda vez en su carrera y se ha adueñado definitivamente del circuito, que domina con autoridad desde el pasado año, una vez desligada de la maldición del finalista, que le avasalló durante el pasado año. Esta vez venció con comodidad a la rusa Svetlana Kuznetsova por 6-1 y 6-3.
En plena lucha por regresar a la cima, la jugadora de Lieja afrontó con resignación la frustración del segundo puesto. Su historial no ofrecía dudas. Pero en 2006, disputó los cuatro grandes y sólo salió airosa de Roland Garros.
Cerró el curso como reconocida maestra después de conquistar el Sony Eriksson Championships de Madrid. Decidida a terminar con el lastre del finalista, más reciente en la memoria que los cinco Grand Slam de su palmarés antes del inicio de la temporada.
Después de quedar al margen del Abierto de Australia Henin conquistó otra vez París. Su cuarto título en la capital francesa. Disputó la semifinal de Wimbledon y ahora, ha vuelto a imponer su condición de número 1 en las pistas del Centro Nacional de Tenis Billie Jean King de Nueva York. En pista dura.
No ofrece dudas la autoridad de la belga. Capaz de sobresalir a cualquier contratiempo, personal o deportivo, que amenacen sus pulsaciones competitivas. En pleno apogeo del músculo, cuando la fortaleza se cotiza al alza y las raquetas ansían el perfecto equilibrio entre la velocidad y la potencia, Justine Henin ha logrado relativizar los nuevos principios que auxilian a las nuevas atletas para salir de Estados Unidos con otro grande en el bolsillo. El séptimo en su historial después de once finales jugadas. A base de talento. Tras superar, entre otras, a las Williams, Venus y Serena, impulsoras de la fortaleza como teoría en competición.
La tenista de Lieja apenas levanta 167 centímetros del suelo y procura no sobrepasar los 57 kilogramos. Trazos distantes de los brazos armados que meses atrás ofrecían las estadounidenses o la francesa Amelie Mauresmo, de baja en Nueva York. También está al margen del glamour de Maria Sharapova y la emergencia de sus compatriotas rusas.
Henin está al margen de esos asuntos. Distante del reclamo social y popular que demandan sus rivales y permanentemente ausente del encanto de las pasarelas. La belga, sin embargo, juega como nadie. Es una cuestión de talento. El que le ha convertido como dominadora del tenis mundial.
Anda feliz la jugadora de Lieja después de superar los sinsabores de su reciente separación matrimonial a principio de año y una vez olvidado el virus que le apartó del tenis en 2005, poco después de que se enganchara a la élite del circuito. Ya en 2003 fue número 1 por primera vez.
Hace tiempo que Henin ha empezado a recolectar éxitos. Desde que cogió por primera vez una raqueta a los 5 años y los oficiales de la Federación Belga se interesaron en ella.
En esas instalaciones, que dirigía el argentino de nacimiento Eduardo Masso, Henin pulió su tenis hasta que a los 14 años decidió contratar a otro argentino como su entrenador personal, Carlos Rodríguez.
La progresión de Henin ha convertido su dominio en absolutismo. La distancia con el resto cada vez es mayor y sale al paso de toda irrupción novedosa en el circuito. Svetlana Kuznetsova, ganadora en 2004, no fue una excepción. Fue la última en asimilar la hegemonía de la belga. |
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