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Iñigo Urkullu, portavoz del EBB y presidente del BBB, trabaja en su despacho de Sabin Etxea. |
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Partido, partido y partido
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Iñigo Urkullu se perfila como el candidato de consenso que sustituirá a Josu Jon Imaz en la presidencia del Euzkadi Buru Batzar. Sus casi treinta años de militancia avalan la candidatura de un hombre que ha dedicado su vida al partido.
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Igor Camaño
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iÑIGO Urkullu nació en Alonsotegi el 18 de septiembre de 1961. El próximo martes cumplirá, por tanto, 46 años. Es de Enkarterriak y de Mungia, pueblo materno donde pasó la infancia. Allí aprendió el euskera que ahora domina. También despunta con el txistu. Sus amigos dicen que su nivel es tan alto que podría ofrecer conciertos. Formó parte del grupo de danzas de Alonsotegi. Y contribuyó al ascenso del Larramendi a Primera Juvenil, todo un notición en la localidad. La pasión por el fútbol -por el deporte en general, porque también anda en bici- la lleva dentro. Es titular en San Mamés, adonde acude todos los domingos con su hijo mayor. Sobre un armario de su despacho lucen una ikurriña y una enseña rojiblanca. Del Athletic, claro.
Siempre ha sido una persona inquieta, con vocación de servicio. Quizá por eso ingresó en el seminario. Los curas quisieron ficharle pero él no lo tuvo claro. Vivió un tiempo en el seminario de Derio, donde impartió clases de música. La política pudo con todo. Se afilió al PNV de chaval. El liderazgo de EGI en su pueblo fue el primer cargo de lo que sería, es, una larga carrera política. Siempre avalado por su capacidad y por la confianza de sus compañeros. Por cierto, aseguran que tenía loquitas a todas las egitxus, aunque, añaden, que no aprovechó la situación -también le echó el ojo, para cachondeo de sus compañeros de partido, un miembro de una asociación gay que visitó el Parlamento-. Urkullu ha sido hombre de una sola mujer, Lucía Arieta-Araunabeña -hija del jugador del Athletic-, con quien tiene tres hijos: Kerman, Malen y Carlos, el pequeño, bautizado así en honor a su padre, recién fallecido. Nunca se le han caído los anillos por ayudar en casa. "Mientras Lucía vestía y daba de desayunar a los críos, él hacía las camas. Seguro que todavía lo hace", valora un amigo.
El actual portavoz del EBB forma parte de una generación de aber-tzales (José Luis Bilbao, Andoni Ortuzar, Aitor Esteban, Jon Sánchez, Xabier Ormaetxea, Koldo Mediavilla, Roberto Otxandio...) que entendió la política y el PNV como un sacerdocio, como lo más importante que ofrecía la vida. EGI y el batzoki eran la segunda casa de todos ellos. Por no decir la primera. Convirtieron su militancia en una mística, en una lealtad total a los valores del PNV. "Tuvimos la suerte de conocer a la vieja guardia, a las personas que guiaron el partido durante la Guerra civil y en la clandestinidad, y de aprender mucho de ella. Ya no se vive la política ni el partido como entonces, pero es normal: las circunstancias, afortunadamente, no son las mismas", evoca uno de aquellos jeltzales.
Esas raíces, aseguran quienes han compartido horas y horas con él, le impedirán mezclar el partido con negocios u otros asuntos ajenos. Lo primero es el partido. Lo segundo, también. Le califican como un hombre afable, tranquilo, reflexivo, metódico, honesto e íntegro. "El deber es más importante que la amistad para él. Si debe tomar una decisión justa que perjudique a un amigo, la tomará". Uno de los defectos que le encuentra su gente es que a veces se pasa de sutil y educado y, claro, algunos no le entienden. "Siempre espera que las cosas salgan de los demás. No le gusta dar órdenes. Nunca le he visto gritar. Y estar enfadado, pocas". "Y como otro defecto, que toma poco café -añade Xabier Ormaetxea, amigo personal y ex compañero en el Parlamento-. Debería perder más tiempo en hablar con la gente, en relacionarse. Prefiere trabajar y trabajar. Es un trabajador exageradamente incansable. Hay días que ni come -no prueba el alcohol-. Lo escribe todo con letra pequeña y junta, para que quepa más, en sus cuadernos de anillas. Si cayeran en manos de un servicio de inteligencia, ¡la que se podría preparar!".
Urkullu es un fan del SMS. Pero a su manera. Los mensajes de móvil sirven, en teoría, para cosas cortas. Los suyos, a veces, son cualquier cosa menos cortos. Y personalizados. La prosa delata al autor. El líder vizcaino es el ejemplo perfecto del poder en la sombra. Sin ostentación. Sin estridencias. Sin ruido. Sin altisonancias. Y con efectividad.
Siempre ha tenido mucho cuidado de que el partido no se metiera donde, a su juicio, no debía meterse. Como en las elecciones del Athletic entre Uria y Lamikiz. Diplomado en Magisterio-Filología vasca, es profesor en excedencia del colegio Landako de Durango. También ha dado clase en la ikastola Asti Leku de Portugalete y en el Félix Serrano de Bilbao. Las aulas deben esperar aún más. |
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