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Samuel Sánchez exterioriza su felicidad al recibir el beso de dos azafatas en el podio de Abantos. Foto: afp |
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VUELTA A ESPAÑA'07
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Abantos tiene duende
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Euskaltel-Euskadi lo borda en la cima madrileña, donde samuel sánchez gana su segunda etapa y se coloca a 9 segundos del tercer escalón del podio.
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Alain Laiseka
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Enviado especial
san lorenzo del escorial. "Un día soñando en un sueño soñé que estaba soñando contigo". Pensamiento de Samuel Sánchez al despedirse del día en Ávila, la víspera de Abantos. Casi un rezo, una súplica. El asturiano evocaba en silencio a su amante, el agua. Ésta le escuchó.
Mañana fría en la capital abulense. Lluvia sobre la Vuelta. Asfalto mojado. Montaña envuelta en niebla al fondo, en la sierra madrileña. Traje de misterio. Oscuridad que alumbra. Luz naranja que iluminó la Vuelta de la apatía. El tiempo perfecto. Euskaltel-Euskadi sonrió de gozo y desayunó con la pizarra. Letras de tiza sobre fondo negro: a por el podio. Debajo, el mapa de cómo llegar hasta él. Cascada de ataques camino de la primera pasada por Abantos, que se convertirían en puentes cuando Samu se aliase, una vez más, con la gravedad en un descenso de serpiente: estrecho y revirado. El asturiano recordó gestas pasadas. Le vino a la mente la última, en la Vuelta al País Vasco, camino de Oiartzun. También entonces pedaleó entre la niebla, el agua y el frío. Aquel día casi todo salió redondo, con un trabajo de equipo bordado con el hilo de la seriedad y el sacrificio al que le faltó poner la guinda; Samu cedió ante el irresistible Juanjo Cobo en Erlaitz. Esta vez no, esta vez sería distinto. Y tanto. Iñaki Isasi, Alan Pérez y Aitor Hernández cumplieron en la primera parte y se metieron en una fuga de 17 corredores. Era el puente. En Robledondo, segundo puerto de la jornada, cristales molidos. Voz de Xabier Carbayeda por la emisora: "Está seco". Aguacero. Cubo de agua fría sobre las esperanzas hiladas en una mañana que se desprendió con las horas de ese manto de humedad.
Pizarra en negro, mente en blanco. Vuelta a empezar. "Esto no estaba previsto". Samu hablaba entre aturdido y satisfecho tras ganar en la cima de Abantos y quedarse a nueve segundos del tercer cajón del podio que ahora ocupa Cadel Evans, después de que el australiano sufriera en la ascensión final para ceder 1:25 con el asturiano. Sólo Dani Moreno, Sastre y Menchov le aguantaron ¿Cómo lo hizo? Equipo, piernas ambiciosas y gotas de improvisación. Ciclismo desbocado, sin cuerdas, sin ataduras. Del de antes.
Sastre es un valiente Los diecisiete escapados, entre los que estaban, además de los tres Euskaltel-Euskadi, el vizcaino David López (vaya Vuelta se ha marcado el del Caisse d'Epargne), estrenaron la primera pasada por Abantos. El grupo se desmigó, claro. López y el italiano Alessandro Vanotti eran los más fuertes. Atrás Sastre insistió. Terco, testarudo. Obcecado en morir matando. Valiente. Hurgó en la debilidad de la tercera semana, del anteúltimo día de carrera. Encontró piernas blandas, de papel mojado. Como el suelo a ratos. Peligroso, por incierto. Cedió Efimkin, y Mosquera, y hubo un momento en el que Evans se despegó de la estela de Menchov. Luego, el abulense paró, pero Samu tomó nota. El australiano iba maduro. Luego, regresaron todos, pese a que Sastre volvió a jugar. Enfadado. Enrabietado con sus rivales. Entendía que no había ambición, que nadie le ayudaba. Se escondió atrás, pícaro, para volver a atacar, pero las rampas eran ya demasiado amables. Curvas con fardos, circuito de velocidad. La de Sastre. Los demás, a rebufo. Hasta la cima. Allí, Samuel Sánchez sacó la chistera y metió la mano en ella. A ver qué sale, pensó. Y se tiró en el descenso, seco. Menchov se pegó a su rueda. Amarrado. No pasó por su cabeza La Colladiella. Aquello está olvidado. El ruso aplacó la ambición del de Euskaltel-Euskadi, y cuando alcanzaron el plano la calma regresó al grupo. Tablas otra vez. Nada separaba ya a Menchov del oro de Madrid.
El duende Abantos volvió a cubrirse de niebla, y con ella regresó el agua. Sólo en la cima. Abajo, asfalto húmedo y empinado. La primera rampa, descomunal, aplaudió la bravura de David López. El baracaldés giró la cabeza al sentir aliento en su cogote. No vio a nadie, pero lo intuyó. Menchov había salido de su reserva habitual para proclamarse vencedor de la Vuelta. Tensó y sus rivales se desmoronaron. "Tenía buenas piernas, estaba bien". El ruso no siguió hurgando en la herida y se volvió a esconder a rueda de Sastre, su enemigo más peligroso, cuando salieron de las rampas con aguijones. Samu encontró allí el hilo de su improvisación. Inspiración. Probó y se fue. A por el podio. Así de sencillo. Sastre le dejó hacer, y Menchov con él, hasta que el abulense decidió que era el momento de jugar a ganador, de buscar el segundo puesto en una grande que hiciese juego con el tercero del Tour de Francia que le otorgarán definitivamente después de que la UCI confirmara ayer que Pereiro era, efectivamente, el ganador de aquella edición.
Sastre aceleró y Evans se resquebrajó. Se le cayó en un momento todo el Tour encima. Piernas cargadas, a rebosar de cansancio, de agotamiento. Menchov se pegó a su rueda y así alcanzaron a Samuel. "Carlillos, a tope", le dijo el asturiano al abulense. Y los dos se pusieron a ello, a relevos, cuesta arriba, buscando la niebla que lo escondía todo allí en lo alto, en la cima de Abantos. Las piernas de Evans perdían arena. Grano a grano. 48 segundos a cuatro de meta. Sastre era ya segundo; Euskaltel se acercaba al podio. "Pensaba en él, no en la etapa", dijo luego Sánchez. Cierto, pero a medias, porque la ambición le habló cuando ya intuía la meta. "Gana", le dijo, y Samu no se cortó. Sacó a pasear su picardía cuando seguía la estela de Dani Moreno, ya a 500 metros de meta. Se metió por dentro en una curva y el corredor madrileño se asustó y detuvo su pedalada. Traje de miedo que el ciclista del Relax-Gam cubrió de enfado en meta. Protestó la maniobra de Samu, quien volaba ya hacia la cima, donde le esperaba el duende de Abantos, el que guiña el ojo a Euskaltel-Euskadi. Aquí logró el equipo vasco su primer triunfo en una grande (Roberto Laiseka, septiembre de 1999), y allí se acercó ayer Samu, hasta rozarlo, al podio de la Vuelta.
la crónica
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