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El festival se da un baño de realidad La ficción imita a lo real en la segunda jornada
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juan g. andrés
CIERTO es que la realidad supera a la ficción. Como también lo es que hay ficciones cinematográficas empeñadas en imitar la realidad con una fidelidad modélica. Es el caso de los dos títulos a concurso presentados ayer durante la segunda jornada del Zinemaldia.
Hace años que el aficionado al buen cine español sabe que la apuesta de Icíar Bollaín por un cine realista es algo puramente vocacional. Primero fue la frescura del viaje de Silke y Candela Peña en Hola, ¿estás sola? (1995), y después la caravana de mujeres de Flores de otro mundo (1999), plagada de instantes impagables. En su tercer filme, Te doy mis ojos (2003), logró que miles de espectadores se creyeran que la actriz Laia Marull era una mujer maltratada por un despiadado Luis Tosar. Su último filme, Mataharis, se proyectó ayer en el concurso con gran éxito de público y cierta aceptación de la crítica.
El otro ejercicio de cine realista presentado ayer no fue tan bien recibido por la prensa especializada, a pesar de venir firmado por el británico Nick Broomfield, que el año pasado inauguró el Zinemaldia con Ghosts. En aquel filme contaba la historia real de varios inmigrantes chinos obligados a trabajar en condiciones cercanas a la esclavitud en la Gran Bretaña de hoy en día y perecieron ahogados mientras faenaban. El realizador londinense repitió por segundo año consecutivo en la competición con otra historia "basada en hechos reales", La batalla de Hadiza, rodada, como la anterior, con eminente tono documental y en la que más de un personaje incluso dirige su mirada a la cámara.
Al margen de la Sección Oficial, que hoy continuará con La maison, del director francés Manuel Poirier, y con Buda explotó por vergüenza, de la jovencísima cineasta iraní Hana Makhmalbaf, Carlos Saura presentó en las Perlas de Zabaltegi la película con la que cierra su trilogía de la canción urbana moderna tras Flamenco (1995) y Tango (1997). El director aragonés se ha acercado en esta ocasión a los Fados, y junto a su película ayer trajo a Donostia a algunos de los protagonistas de la misma, que tras la proyección ofrecieron un delicioso concierto en el Victoria Eugenia. |
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