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Mariza, Camané y Carlos do Carmo, en un momento de plena intensidad del concierto. Foto: iñaki pardo |
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Exploración musical de la saudade Saura aporta una mirada "preciosa y polémica" sobre el fado
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ruth pérez de anucita
EL fado, la melodía que habita en la saudade -la nostalgia que se anuda en la garganta- y en la mirada de quien ama y no desiste, es el último objeto de devoción y estudio del cineasta Carlos Saura (Huesca, 1932), que cierra su trilogía de música urbana con su oda a la expresión fatalista portuguesa por excelencia.
Fados, inscrita en la sección Perlas de Zabaltegi, se presentó ayer por la tarde en el teatro Victoria Eugenia con un concierto en el que participaron varios de los fadistas que intervienen en el filme musical, que tiene más de musical que de filme, como Mariza, Camané, Carlos Do Carmo o Lura, y artistas más heterodoxos como Lila Downs, Miguel Poveda, Caetano Veloso o Toni Garrido.
"A algunos de los cantantes los conocéis muy bien, a otros los tenéis que descubrir", certificó uno de los productores de la cinta, Antonio Saura, hijo del cineasta aragonés. "Tengo que producirle películas para poder estar con él", bromeó.
Carlos Saura conocía Portugal y sobre todo su capital, a través de varios viajes de placer, aunque recuerda especialmente uno no tan gratificante: "Una mujer no me hizo caso y me fui una temporada a Lisboa hasta que se me pasó el rebote". El fado lo escucha, aseguró, desde que era un niño. "Amalia Rodrigues y Alfredo Marceneiro eran mis ídolos". Fueron sin embargo Ivan Dias y Carlos do Carmo -productor y fadista- quienes le propusieron dedicar una película a los fados, después de visionar Tango y Flamenco.
El autor de Deprisa, deprisa y Pajarico, que se mostró de acuerdo con la idea de Iberia propuesta por José Saramago y sugirió, al menos, suavizar esa frontera tan larga, situó su sueño en que "el fado tenga fuerza en el mundo entero". La película pretende reforzar la candidatura de la música tradicional portuguesa a ingresar en el Patrimonio Inmaterial de la UNESCO.
"En (el Festival de) Toronto aplaudieron durante diez minutos", recordó Do Carmo. Además de la acogida en Donostia, también deberán despejar la incógnita de cómo se recibirá en Portugal una película hecha por un español sobre un tema tan enraizado en la cultura del país. "No es fado sino Fados. Es una mirada preciosísima y polémica", advirtió Do Carmo.
Para Mariza, "la mirada de Saura conduce a una Lisboa moderna, con un lenguaje del siglo XXI. El fado está cambiando". La cantante lisboeta describió la música que canta desde que tenía cinco años, en la taberna de sus padres, y que abandonó temporalmente por la bossa-nova o el blues, como un "sonido urbano, de Lisboa, del mar, de los marineros, y también de África y de Brasil. Es muy lisboeta pero también es universal, porque habla de sentimientos humanos y de la vida".
En la película sólo se repite una canción, la que interpreta una fadista histórica, Lucilia do Carmo, ya desaparecida, y la mexicana Lila Downs, que fabrica una versión muy especial acompañada de un pequeño ballet que narra una historia. Patrick de Bana, que ha cumplido la misión inédita de componer coreografías para el fado, subrayó su "gran mestizaje" y que la película lanza "un mensaje de amor".
Como conclusión, Do Carmo resumió: "Hace 20 años los periodistas me preguntaban: ¿el fado se va a acabar? Ahora ya no hace falta contestarla".
las frases
"Hace años me preguntaban si el fado se iba a acabar. Ahora ya no necesito responder"
carlos do carmo
Fadista
"La mirada de Saura conduce a una Lisboa moderna; el fado está cambiando"
Mariza
Cantante
Mariza, en un momento de la actuación. Foto: iñaki pardo |
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