eXISTE un gremio que juega con gestos y palabras para seducir a quien se deje y pide que se reconozca su labor. Porque aunque el cartel rece Hoy, cuentacuentos a las seis, y no especifique el nombre del artista, cada uno de ellos tiene un peculiar estilo y una forma muy propia de hacer suyas las historias.
Reconocen que apenas están comenzando a unir sus voces para relatar una historia que comienza así: "Érase una vez, en un mundo dominado por las pantallas, un grupo de seres que aún conservaba el gusto por contar...".
Virginia Imaz
Actriz, clown y narradora
Y uno de esos seres, entre la treintena que habitan las tierras vascas, se llama Virginia Imaz. Narradora, actriz, clown y transmisora de una vieja tradición que ella identifica con las voces de sus abuelas. "Las recuerdo contando todo el tiempo. Una de ellas era de caserío y me hablaba en euskera de los seres mágicos de Euskal Herria. De ella heredé cierto realismo mágico, ese creer que todo es una señal y que la naturaleza habla. Mi otra abuela era de Mendabia, de la Ribera navarra y me narraba cuentos clásicos, chistes de Jaimito... Gracias a estas dos mujeres me crié en el placer de escuchar".
Virginia Imaz es sólo una de los aproximadamente treinta profesionales que se dedican a narrar. Aunque los organizadores de la fiesta de Aramaio aseguran que cada vez hay más sed de historias, existen varios problemas que aquejan al gremio. Algunos se relacionan directamente con un prejuicio muy extendido: la creencia de que los cuentacuentos se dirigen exclusivamente al público infantil. Imaz desmiente esta teoría con una afirmación muy personal. "Yo siempre he necesitado historias para vivir. Los relatos te abren nuevas puertas por dentro".
Ella, que ya en el colegio reunía a sus amigos para contarles historias, lleva 20 años ejerciendo el oficio de manera profesional. Pello Añorga o Koldo Ameztoy son otros nombres conocidos, aunque ahora comienza a emerger una nueva generación de narradores. El Getxo Kontari 06, la primera reunión de cuentacuentos vascos, fue prueba de ello y sirvió de punto de encuentro para muchos narradores. Desde entonces, diversos proyectos pueblan las mentes de los cuentacuentos, como la posibilidad de crear una página Web desde la que publicitar sus actividades.
A LA LUZ DE LAS VELAS
grupo de cuatro narradores
Otra de las dificultades a las que se enfrentan los cuenteros es la formación y dar respuesta definitiva el eterno debate de si el narrador "nace o se hace". El grupo A la luz de las velas se conoció en un taller que ofrecía Pedro Madoz en la Escuela Diocesana de Expresión. Duró tan sólo un fin de semana, lo suficiente para que a uno de sus alumnos le picara el gusanillo y lanzase la propuesta: ¿A alguno le apetece venir a mi casa a contar? Anabel Muro, Begoña Gómez, Joaquín Ponte y Pedro Ruiz no suponían que su unión duraría por lo menos 13 años. "Nuestras fuentes son, principalmente, los libros; aunque también echamos mano de Internet, la radio, revistas...", explica Begoña Gómez. Los cuentacuentos atrapan historias de cualquier lugar y, por supuesto, también las inventan. A la luz de las velas basa su trabajo en la mirada, la palabra, el gesto, la presencia. Es un punto común en la mayoría de los narradores: los artificios sobran.
Para Begoña Gómez, la principal diferencia entre un actor y un narrador es la flexibilidad de lo contado y el contacto con el público. "Aunque los monólogos ofrecen un aspecto de frescura y de improvisación, en realidad son textos muy cerrados. Sin embargo, los cuentos son pura interacción con el oyente. Nuestras sesiones están abiertas a lo que pueda ocurrir".
A la luz de las velas evoca "los antiguos lugares de encuentro al amor de la lumbre" y transmite cuentos para niños, relatos filosóficos, narraciones orales vascas o historias eróticas. Para ellos, el encuentro en Getxo del año pasado fue tan sólo el primer paso. "Un intento de conocernos nosotros mismos y de darnos a conocer para quitarnos la máscara que nos identifica como cuentacuentos".
ANTTON IRUSTA
PROFESOR Y CUENTACUENTOS
Antton Irusta coincide con Begoña en su diagnóstico sobre el encuentro en Getxo. "Era necesario para que los que nos movemos en el mundo de la narración oral nos encontráramos". Antton, profesor y cuentacuentos, alude al cambio de escenario en esta actividad. Del hogar, cuando no había televisión y los viejos contaban historias, a las escuelas. "Hoy las narraciones han salido incluso de las escuelas y se escuchan en hospitales, bares o museos". Irusta anima "al mundo de la narración" a que esté más presente en otros ámbitos "como la radio o incluso la televisión".
"Creo que los cuentacuentos han resurgido porque la gente se ha dado cuenta de que es una cosa encantadora, que potencia la imaginación y nos acerca a los libros", explica Irusta. "Cuando mi abuela me contaba historias yo me quedaba ensimismado escuchándola y creo que cuando contamos todavía funciona aquella magia de hace 30 ó 40 años".
Para Irusta, la clave en la elección es buscar aquellos textos que previamente hayan emocionado al contador. No hay contador sin escucha, sin experiencia, sin vida.
La localidad de Aramaio se convertirá hoy en la capital vasca del cuento
Imaz es transmisora de una vieja tradición que ella identifica con las voces de sus abuelas |