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Mesa de redacción
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Españolazo
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Oscar Subijana
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lA nueva toma del diccionario María Moliner sale a la luz al precio de 130 euros y con un montón de voces y expresiones nuevas. En el prolijo mundo del lenguaje, sus artífices, académicos de reconocido renombre, culturizados en incansables luchas contra mastodontes de la cultura llenos de letras, son capaces de determinar qué palabra se convierte en herramienta de comunicación de uso común y cuál otra no. Y en esto que llegan los herederos de la señora Moliner e incluyen palabras como 'batasuno' o 'batzoki', inmersas en el micromundo de la temática política, o 'blog', 'chat', 'e-book', 'dominio' e 'hipervínculo' en lo relativo a tecnología. Desde la más absoluta de las modestias, llamamos la atención de los doctos mariamolinerianos para ofrecerles otros vocablos dignos de entrar en el compendio de papel. Tales como 'españolazo', 'pepero', 'calle Génova' o 'Ejpaña', haciendo honor a la calidad poética de José Bono, futuro vicepresidente del Gobierno español. Ya saben ustedes, por aquello del equilibrio de fuerzas. Porque convendrán con el que escribe que colocar en un diccionario de consulta universal el término 'batasuno' es algo, por lo menos, intencionado. De ahí que la exigencia compensatoria tenga su aquél. De todas formas, uno sueña con poder ser capaz de meterse en la mente de los pensantes que pergeñan tal hazaña. Estar presente en esas tensas tormentas de ideas en las que recorren el silencio como balas las nuevas palabras momentos antes de entrar en la lista oficial. Un 'blog' para allí, 'ffffffffuuuuuun', un 'batasuno' que pasa para allá 'sssssshhhhhhaaaaaaa'. Intuyo que la mayoría de los presentes en esta marea de cultura serán lectores de La Razón, El Mundo o ABC y oyentes de la Cope, porque en estos soportes sí que se usa la palabra 'batasuno'. Y otras mucho peores. |
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