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De izquierda a derecha, Jesús Castejón, Ramón Barea, José Luis García Pérez, Lorena Vindel, Maribel Verdú, Gracia Querejeta, Blanca Portillo y un miembro del equipo de producción de 'Siete mesas de billar francés'. Foto: javi colmenero |
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Buscavidas de andar por casa y astracanadas asiáticas
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Una de cal y otra de arena en el concurso
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JUAN G. ANDRÉS
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EL Zinemaldia presentó ayer el segundo de los títulos que representan a España en la competición, Siete mesas de billar francés. Su directora, Gracia Querejeta, tiene experiencia en estas lides, pues ya concursó en Donostia con El último viaje de Robert Rylands (1996) y Cuando vuelvas a mi lado (1999). Quizá a la tercera vaya la vencida y haya carambola, aunque para ella lo importante es que el público reciba bien la película en su estreno el 5 de octubre.
Todo apunta a que sus deseos se verán cumplidos, ya que -esta vez sí- el público y la crítica coincidieron al aplaudir la cinta. Igual que las Mataharis de Icíar Bollaín, tampoco Siete mesas de billar francés es una cinta redonda. Sin embargo, las escasas lagunas de un buen guión, excepcionalmente dialogado, y el poco creíble giro que da al final el personaje de Maribel Verdú, no consiguen frustrar las intenciones de la cineasta, que emplea el juego del billar como excusa para hacer que sus personajes se enfrenten al recuerdo del padre/amante/amigo fallecido.
Las buscavidas de Gracia Querejeta poco tienen que ver con el Paul Newman del filme de Robert Rossen. Son más terrenales, más de andar por casa, pero también brindan al espectador una gran interpretación. Tras su aclamado papel en Volver, Blanca Portillo reaparece brillante y halla el contrapunto ideal en una Verdú soberbia, como de costumbre.
La otra película a concurso, Exodus, del joven hongkonés Pang Ho-Cheung, no puede sino calificarse de astracanada. Prometía su comienzo, al más puro estilo de La naranja mecánica: varios tipos desnudos, ataviados sólo con gafas y aletas de bucear, propinan una soberana paliza a un hombre tirado en un pasillo. Pero nada de nada, al margen de una cuidada estética y una atractiva fotografía.
El delirante argumento de una conspiración de mujeres que se reúnen en los baños para hablar de cómo matar a todos los hombres habría requerido de un mejor pulso narrativo y una mayor claridad de ideas, porque al final no se sabe si la película es un thriller o una comedia, ni queda claro el mensaje -si es que lo hay- que se quería transmitir,
Por tanto, una de cal y otra de arena en la sexta jornada del festival. Por cierto. ¿Cuál es la buena? ¿La de cal o la de arena? |
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