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Decenas de miles de monjes rebeldes marchan por las calles de Rangún en señal de protesta contra el régimen militar de los generales. |
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La llama del bonzo
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Desde que unos monjes budistas eligieran convertirse en antorchas humanas para pelear por sus creencias, no se recordaba otra rebelión igual. Puede que su lucha no cambie nada, pero las calles rojas de Rangún se recordarán por mucho tiempo.
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John Hutton
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THICH Quang Duc, se quitó la vida quemándose vivo en una céntrica calle de Saigón (Vietnam) en 1963, a los 66 años, para protestar por el modo en que la Administración oprimía al colectivo de bonzos. Mientras su cuerpo ardía, no gritó lo más mínimo y mantuvo la compostura. Dicen que, tras su suicidio, la comunidad a la que pertenecía el monje budista, intentó incinerar su corazón, pero éste permaneció intacto. La expresión quemarse a lo bonzo nació con su muerte, fotografiada en una imagen que dio la vuelta al mundo. Más de 40 años después, los bonzos birmanos que han vivido esas cuatro décadas bajo la dictadura, han elegido otra forma de protesta ante el modo en que la Junta Militar ha tratado a su comunidad y a la sociedad a la que sirven. No se han quemado vivos, como Thich Quang Duc, pero sin gritar los más mínimo, con simples rezos, manteniendo la compostura en sus multitudinarias marchas, han prendido la llama del cambio en Birmania. Quizás han prendido también la mecha de un conflicto.
Ayer, de nuevo, decenas de miles de personas encabezadas por monjes budistas ignoraron en todo el país las amenazas de los militares, y éstos ya dan señales de prepararse para sofocar la creciente revuelta pacífica, la rebelión de los monjes. El gobierno desplegó ayer numerosas tropas en Rangún durante la noche, después de que unas 50.000 personas desafiaran la amenaza de represalias por octavo día consecutivo. Al menos 12 autobuses llegaron con soldados al centro de Rangún en una medida que se ve como preparativo para reprimir cualquier marcha hoy. Los hospitales han sido puestos en alerta. "Tenemos la impresión de que las fuerzas de seguridad avanzarán el miércoles", afirma un portavoz.
tres años de cárcel El presidente de la Junta Militar, general Than Shwe, considerado un experto en la guerra psicológica, se reunió el martes con otros jefes castrenses en su cuartel general de Napydaw, mientras los tenaces monjes movilizaban un día más a decenas miles de personas pese a que las autoridades recorrieron las urbes a lo largo del día para advertir desde los camiones y por medio de megáfonos, que cualquiera que observara las protestas podía ser condenado a una pena de tres años de cárcel, y aquel que participará se arriesgaba a 10 años de prisión.
Por la tarde, las tropas empezaban a moverse en dirección a Rangún y en las ciudades las autoridades distribuyeron cuartillas en la que se advertía a los manifestantes que se aplicará el Código Penal que autoriza la disolución por la fuerza, si es necesario, de cualquier asamblea ilegal y el despliegue de los soldados. Esa advertencia por escrito siguió a la hecha la noche anterior por la jerarquía budista o Sangha, controlada por la Junta Militar, y que ordenaba a los bonzos -en Birmania existen cerca de 400.000 monjes budistas- que se recogieran en sus monasterios para evitar la intervención de los soldados. La última vez que dio una orden similar, en 1990, los militares ocuparon los monasterios y detuvieron a miles de monjes y novicios después de que estos boicotearan las donaciones del Ejército en respuesta a los intentos del régimen por controlar el monacato.
"Democracia, Democracia" Durante su marcha pacífica de ayer por las calles del centro de Rangún, los manifestantes que rodeaban a los monjes gritaban ya claramente una consigna, "democracia, democracia", mientras eran aplaudidos y vitoreados por ciudadanos desde atestados balcones y azoteas y unos 200 miembros de la Liga Nacional por la Democracia (LND) que portaban el brazalete de esta formación liderada por Aung San Suu Kyi, la premio Nobel de la Paz que se encuentra bajo arresto domiciliario desde 2003, se unieron ya claramente a la protesta y algunos participantes llevaban en alto imágenes con el pavo real, símbolo de los estudiantes que encabezaron las protestas aplastadas por los soldados con la matanza de unos 3.000 activistas en 1988. |
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