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convertir el arco de San Mamés, con más de 55 años de uso, en una moderna pasarela peatonal en la zona de futuro de Bilbao. Esto sí que es reciclaje histórico. De salir adelante la idea supondría que muchos de los recuerdos de varias generaciones se perpetuarían en la ciudad. Eso sí, su conversión en paso intermárgenes le haría perder su imponente presencia actual. Ahora se enseñorea sobre un San Mamés que le hace visible desde casi todas las azoteas altas de la Villa y lo ubica en el botxo en cuanto se sube a los montes que lo rodean. Su hipotética transformación en pasarela lo desvirtuaría, al bajarlo a ras de suelo y al reducir su curvatura, ya que habría que cortarlo por sus extremos para adaptarlo a la distancia que separa Zorrotzaurre de Sarriko en ese punto. Hay que ser claros. La importancia del arco se basa en el hecho de que cuando la tribuna se construyó en los años 50, esta fórmula de sostén de la cubierta que evita las columnas entre los asientos, era totalmente inédita. Los sistemas constructivos han evolucionado sobremanera y la estructura ha perdido ese carácter especial. Tampoco es el símbolo de Bilbao que algunos propugnan. Por lo tanto quizás no es tan necesario su mantenimiento. Y más cuando se desconoce cuánto va a costar el traslado, quién la va a ejecutar y, sobre todo, de dónde van a salir los cuartos para la operación de ingeniería. |