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El 'Kun' Agüero anotó de esta forma el gol que abrió el triunfo colchonero. reportaje fotográfico: oskar martínez |
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La ineficacia causa de nuevo el mal
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El Athletic sufre su primera derrota en San mamés fruto otra vez de su falta de pegada ante un Atlético que sí fue letal con el 'kun' Agüero y Forlán.
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bilbao. El Athletic resbaló ayer. Salió escaldado. Esperaba una noche de fiesta y ésta se convirtió casi en un funeral. Sufrió su primera derrota de la temporada en San Mamés, donde todavía no ha logrado vencer. El equipo de Joaquín Caparrós se frenó en su trayectoria. No pudo dar continuidad a la victoria firmada el pasado domingo frente al Levante y cumplir el objetivo de relanzarse en la tabla, de ponerse en una situación que aportara aún mayor tranquilidad al futuro inmediato. Éste llegará el próximo domingo en El Madrigal. Por lo menos no hay prácticamente tiempo para lamentar el revés. Es lo único positivo. Porque ayer el conjunto rojiblanco se topó con la realidad. En Primera División nadie regala nada. Es más, hay que ganarse las alubias. Y una forma para hacerlo reside en acertar de cara al gol. Es un matiz que cobra una relevancia mayor. El Athletic cavó su tumba por su ineficacia. El Atlético de Madrid, en cambio, triunfó por su eficacia. Fue letal. Tiene hombres para ser así. Kun Agüero y Diego Forlán responden a ese perfil. El conjunto rojiblanco no lo fue. Le falta esos matadores que poseen los de Javier Aguirre. Volvió a evidenciar, sin más, que tiene problemas para batir la meta contraria.
Caparrós se guardó un as en la manga. Por una vez ofreció una pequeña sorpresa en su once inicial. Dejó un poco descolocado al personal. Cuando todo apuntaba a que Fernando Llorente repetiría con Aritz Aduriz en la dupla ofensiva, el de Utrera prescindió del delantero de Iruñea. Podía sonar como un castigo, después de que Llorente no haya dejado satisfecho al míster en las tres ocasiones que ha partido como titular. Este movimiento llevó a otro. Caparrós apostó por buscar las cosquillas al eje de la zaga colchonera, un verdadero muro con Pablo Ibáñez y el colombiano Perea. Por ello se decantó por Markel Susaeta como un media punta para hacer daño entre líneas, mientras que Joseba Etxeberria, quien en las dos citas anteriores calentó banquillo, retornaba al interior derecho. Así, Iraizoz se situó bajo palos, con Iraola, Aitor Ocio, Ustaritz -el sustituto del sancionado Amorebieta después de que el Comité de Apelación no le levantara la sanción de un partido por la roja que vio ante el Levante- y Del Horno en defensa; Javi Martínez e Iñaki Muñoz -el osasunista jugaba por primera vez de salida- como pivotes, con Etxeberria y David López en bandas; en tanto que Susaeta y Aduriz ejercieron como estiletes ofensivos. Aguirre también movió ficha, al apostar por el portugués Simao -uno de sus fichajes de postín para el presente curso- en detrimento del argentino Maxi.
Lo que mal empieza puede acabar de la misma manera. Es una ley no escrita que en ocasiones suele tener vigencia. El Athletic se vio por primera vez esta temporada en San Mamés por detrás en el marcador. Se examinaba, por tanto, ante una situación nueva en La Catedral. Ponía a prueba su capacidad de remontar. Con todo un mundo por delante. 78 minutos. Casi un partido entero. Prácticamente la misma historia que el domingo pasado en el Ciutat de València, pero con los elementos cambiados. Entonces eran los rojiblancos los que se pusieron por delante muy pronto. Les tocó guardar la ropa. Cumplieron su misión. Ayer estaban obligados a arriesgar. A buscar los recursos necesarios para levantar el partido ante un rival con tablas y que tuvo la virtud de saber leer el duelo. Y de contar con la colaboración puntual del colegiado. Que también se agradece. Porque Muñiz Fernández desquició a los leones en acciones esporádicas. Como cuando reclamaron la roja a Perea por propinar un codazo a Aduriz, con una llamativa brecha en la ceja derecha. O cuando anuló dos tantos a Ocio y Llorente, si bien acertó en las dos decisiones. Aunque el mal del Athletic radicó en no hacer pupa. La misma sensación de los choques ante Osasuna y Zaragoza.
El Atlético, en cambio, si mostró pegada. Es lo que marca la diferencia. Tenía que ser el Kun Agüero el que le golpeara a los doce minutos. El argentino parece tener ya un idilio con San Mamés. Aquí se estrenó como goleador la campaña pasada. Entonces anotó la tercera diana de su equipo en una noche traumática para la familia rojiblanca, ya que se convirtió indirectamente en uno de los ejecutores de Fernando Lamikiz, que aquel 17 de setiembre de 2006 empezó a escribir el adiós de su mandato como presidente del Athletic. Agüero parecía empeñado en convertirse otra vez en protagonista. Firmó un gol soberbio. Atraviesa un momento muy dulce y eso ayuda. Permite hacer las cosas más fáciles. Se debe sentir tocado por la fortuna. El argentino aprovechó un servicio largo de Seitaridis para ganar la espalda a Ustaritz, recortarle después, dejar sentado a Aitor Ocio y batir a Gorka Iraizoz con un toque sutil con su zurda. Diego Forlán también gusta de jugar en Bilbao. En sus dos últimas visitas con la elástica del Villarreal ya había mojado. En la primera de ellas para firmar el empate y en la segunda para sellar la victoria de su equipo. A la tercera, también. Ayer su gol sirvió para dar la puntilla. Y lo hizo de forma espectacular, tras sorprender a Iraizoz con un derechazo desde fuera del área que se coló por la escuadra derecha.
A Etxeberria le ocurre todo lo contrario. El de Elgoibar está reñido con San Mamés. No marca en Liga desde hace casi tres años y medio. Un largo tiempo que debe desesperar. Que se convierte en una obsesión. Y ello suele pesar. En la cabeza y en las piernas. No habían pasado dos minutos del tanto colchonero y El Gallo, que rindió a un alto nivel, disfrutó de una enorme ocasión para acabar con tal maldición. Ante el Zaragoza también lo pudo hacer en el último suspiro. Pero le debe haber mirado un tuerto. Su disparo tras un gran pase de Iñaki Muñoz desprendía aroma a gol, pero el balón chocó con el poste. La enésima frustración. Fue todo un presagio de lo que podía ocurrir después. El Athletic no está en condiciones de permitirse el lujo de perdonar. Ya se sabe el dicho…
Esa acción marcó a los de Caparrós, al que no le funcionó ni su primer sistema ni el segundo, cuando recurrió a Vélez y modificó la medular. Iraizoz estuvo de nuevo en su papel, con dos intervenciones de mérito ante Agüero y Luis García. El 0-2 acabó por hundir al Athletic, que, curiosamente, disfrutó de más ocasiones en esos últimos minutos. Pero el mal de la ineficacia ya era irreversible. |
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