Tomás Fernández vivió ayer su puesta de largo más emocionante. Su primera película, que se estrenará el 9 de noviembre, celebró ayer su primer pase en el Zinemaldia.
Cortos, series de televisión, teatro... ¿el largometraje era la meta desde el principio?
Yo quería ser director de cine, pero es un mundo muy complejo, como todos sabemos, y busqué caminos alternativos como la televisión, en la que aprendí muchísimo, en la que me formé como guionista, un oficio que lleva muchos años de entrenamiento. Eso me ayudó ante La torre de Suso, para tener muy claras las reglas de juego y no caer en cosas demasiadas personales, no implicarme demasiado emocionalmente y tener siempre en cuenta al espectador.
Pero la historia de la película le toca muy de cerca.
No es autobiográfica, pero sí conozco mucho la zona y los personajes. Como guionista reinventé la realidad para contarla a gente ajena a ese mundo, reflejar el mundo de la cuenca minera dentro de una historia universal de amistad, familia y amor que es lo que mueve en el mundo.
Se ha esforzado por retratar a la generación perdida.
Era un niño cuando observaba a los yonquis por la calle, por la cuenca minera y no sabía qué eran exactamente, me parecían fantasmas. Cuando te haces mayor te das cuenta de que eran unos criajos que les tocó aquello como les podía haber tocado la peste bubónica. Me apetecía saber qué había pasado con los supervivientes, los que se libraron por los pelos. El mensaje positivo es que rehicieron sus vidas y construyen sus familias, educarán a sus hijos, y sus hijos igual meten la pata más que ellos todavía.
Se ha rodeado de un reparto de confianza.
Tengo a la selección española de baloncesto. ¡Qué banquillo! Después de meter a Javier en el ajo, se fueron sumando. Parecía que teníamos la varita mágica; todo aquel que pensaba se apuntaba: Emilio Gutiérrez Caba, Malena... Un lujazo. |