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Olatz López Garmendia, Julian Schnabel, Mathieu Amalric y Marie-Josee Croze, ayer. Foto: ruben plaza |
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Una herramienta para manejar la muerte
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Lo último de Schnabel llega a Zabaltegi
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Teresa Sala
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JULIAN Schnabel tenía un amigo llamado Fred que murió después de haber estado "atrapado en su cuerpo" por culpa de una esclerosis múltiple. Antes de que falleciera, el creador de Nueva York solía ir a verle, y en sus visitas le leía historias. En una ocasión, el enfermero de Fred le regaló el libro La escafandra y la mariposa (1997), que Jean-Dominique Bauby escribió después de que una embolia le deteriorara todas las funciones motrices menos su párpado, con el que aprendió a comunicarse.
Bauby, redactor jefe de la revista Elle, que murió diez días después de la publicación del libro, había vivido su vida como periodista con una pasión frenética y no había tomado conciencia de lo que era de verdad esencial. Poco después de la muerte de Fred falleció su padre, y Schnabel se planteó hacer una película sobre el libro de Bauby.
El filme, que se presentó en Zabaltegi, trata, en palabras del director, "sobre la consciencia, todos nos vamos a deteriorar y todos vamos a desaparecer". "Pero hay algo que merece la pena, mi padre quería estar aquí, mantenerse vivo, por eso temía la muerte. He querido que la película sea una herramienta que ayude a manejar mejor la muerte, también a mí, porque yo también la temo", explicó.
La cinta, protagonizada por Mathieu Amalric, está ambientada en el norte de Francia, en el Hospital Berck Maritime donde el propio Bauby pasó los últimos meses de su vida. "Los americanos querían que la hiciera en inglés, pero yo necesitaba rodar en francés, y en ese mar", comentó Schnabel, quien eligió a las actrices Emmanuelle Seigner, Marie-Josee Croze y Anne Consigny para completar el reparto. Su mujer, Olatz López Garmendia, también tiene un papel en el filme. Con ellos, Schnabel ha logrado contar una conmovedor historia que pretende provocar en el espectador las "ganas de volver a casa y abrazar a sus hijos".
con 'sentimiento' La película, premiada con la Palma de Oro al Mejor Director en Cannes, ha pretendido "ser distinta". Entre otras cosas, la perspectiva de muchos de los planos es la pupila del propio protagonista. El espectador ve lo que él mismo ve y oye lo que piensa, algo que no pueden hacer los personajes en la pantalla. "Julian se las apaña para rodar lo que siente en el momento, nos pedía que fuéramos seres humanos y que reaccionáramos con ello", explicó el actor Mathieu Amalric. "Diría que es una historia expresionista en la que todos hemos estado receptivos a todos, así se construye un personaje. Yo construí el mío a través del resto de los actores que me miraban", apostilló. "Julian me decía cosas como que un Neón te puede salvar la vida, o un ramo de flores, esas son las mariposas de mi personaje". La escafandra es el cuerpo preso por la embolia.
Schnabel quiso hacer hincapié en que no es una película sentimental. "Las personas que han participado han sido lo suficientemente inteligentes como para que el filme no sea sentimental. Lo sentimental no entra en juego porque yo estoy demasiado ocupado en contar la historia", añadió. Confesó que odia las películas sentimentales, aunque no las que tienen sentimiento. "Es necesario separar el sentimiento del sentimentalismo". Schnabel no necesita poner música para añadir sentimentalismo, ya que está convencido de que "los silencios vienen muy bien". |
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