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Javier Cámara, ayer, bajo la luz del mediodía, en Donostia. Foto: ruben plaza |
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"Necesito que el director me diga que nos jugamos algo más que un plano"
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Javier Cámara Actor
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Ruth Pérez De Anucita
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Ha sido chico Almodóvar, el hijo más divertido de Amparo Baró y el conde duque de Olivares. En La torre de Suso, la primera película de Tomás Fernández, guionista de Siete vidas, Javier Cámara interpreta a un desarragaido que regresa a casa, diez años después, para asistir al funeral de un amigo íntimo que no consiguió desengancharse a tiempo de la heroína. Ahora rueda Los girasoles ciegos con José Luis Cuerda. "Es un apasionado como yo", celebra.
¿Su relación con Tomás Fernández le empujó a formar parte de 'La torre de Suso'?
Sí, y ver que él podía ir más allá de Siete vidas. Le he dicho a Tom muchas veces que yo aprendo trabajando. Siete vidas para él fue una escuela de trabajo, de guión, de humildad. Ahora mismo, los mejores guionistas se están fraguando en televisión. Hay gente muy, muy brillante que escribe diálogos muy potentes. En este caso, además, el director pone encima de la mesa algo que le toca de cerca, es un homenaje a amigos que han muerto, a un momento muy concreto de la cuenca minera.
Es una historia que eleva la anécdota personal a categoría universal.
Es muy universal, porque eso puede ocurrir en la movida madrileña o en la japonesa, pero él habla de algo muy concreto. Nombres como Cundo o Picho que tú le dices: "¿Oye, no podría llamarme Fernando?". No, es Cundo porque es un homenaje a Cundo. Él se emocionaba rodando algunas escenas. ¿Cómo no vas a hacer una película con él si es un tierno de narices?
¿Qué busca en un director?
De los directores espero implicación al máximo. Necesito que me digan que vamos a jugarnos algo más que el plano. Necesito que me valoren por algo más emocional. Si las cosas están hechas con honestidad siempre calan en alguien. Y creo que esta película es honesta y, sobre todo, no es pretenciosa.
Los personajes son muy reales.
Son como de Beautiful Girls. Los protagonistas están escritos desde la ternura: cómo me gustaría que fuera una chica, cómo me gustaría que fuera una cuadrilla de amigos, la evolución de mis padres... Casi terapéutico. Con esta película te dan ganas de coger el teléfono y saber qué ha sido de la gente que hace mucho que no ves.
¿Es el papel más aproximado a un ligón de los que ha interpretado?
Pero es que entre esa gente... (ríe) De esa cuadrilla igual el que mejor folla soy yo, pero mira es que somos cuatro desgraciados... Mi amigo no es Eduardo Noriega, es Gonzalo de Castro.
En los roles del grupo, uno era el prudente, otro el sensible... Si no es el ligón ¿cuál es su etiqueta?
No soy el que me follo a nadie y no soy muy listo ni muy prudente. Soy bastante compulsivo y muy apasionado, no lo puedo evitar. Hay mucha gente que me pide cautela pero esa palabra no existe en mi diccionario. Voy a saco. Me gusta hacer pelis a muerte. A mí me mola la gente que pone la chicha encima, la gente apasionada, porque yo soy así, un poco terremoto.
¿Tiene un mapa de deseos cinematográficos?
Estoy en un momento emocional. No sé hacer películas de género, y digo que no, aunque sean películas cojonudas, pero no me veo muy maquillado como un muerte viviente. Y puede ser una historia tan real como la que estoy contando aquí, pero me apetece contar cosas muy normales, de mi generación, de un tío de 40 años que está enterándose de muchas cosas: cómo es la vida, la muerte, la familia, qué es lo que quiere, cuáles son sus sueños. Para contar cosas muy simples hay que ser muy buen escritor. Me gustan las historias que me enseñen cosas. Y, además, más que buscar las películas, son las películas las que me buscan a mí. No me quiero poner exclusivo, pero ahora mismo opto por el tipo de cine que me apetece. Me gusta Ficción, Malas temporadas, Los girasoles ciegos o La torre de Suso, películas que hablan de nosotros. |
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