NADINE Labaki ha llegado a Donostia para presentar su opera prima, Caramel, un filme que retrata el lado más humano de Beirut. Además de situarse tras las cámaras, Labaki ha dado vida a Layale, una de las protagonistas de la cinta.
En su película se aprecia un Beirut poco usual, una ciudad lejana a las bombas y a los edificios derruidos.
Transmitir esa imagen positiva de Beirut ha sido algo voluntario. Sobre todo, me encanta que la gente me diga que ha descubierto una nueva ciudad, distinta a la que pensaba, cuando ve el filme. Considero que era mi misión mostrar que la gente de allí también son seres humanos, divertidos, tiernos y acogedores y que en Beirut no sólo hay guerras. Es importante mostrar que el amor por la vida es más importante que todo lo demás que ocurre en mi país.
Los últimos acontecimientos que han ocurrido en su país dificultarán volver a la estabilidad.
Existe una tensión en Líbano que hace que las cosas sean más complicadas, pero precisamente por eso ha sido voluntario no mostrar la guerra. Puede que quizá sea algo naif, demasiado positiva, pero creo que en Líbano siempre se han superado los problemas. Tengo ganas de mostrar ese ejemplo que puede ser Líbano para el resto del mundo como cohabitación de culturas, de diferentes religiones. Líbano podría ser una especie de laboratorio para el resto del mundo. Si nosotros podemos vivir juntos, ¿por qué no lo van a poder hacer los demás?
Todas las protagonistas, a excepción de una, son cristianas. ¿Por qué?
No ha sido algo intencionado, no quería mostrar cuántos cristianos o musulmanes hay. Fue algo que surgió de forma natural, porque lo que buscaba era mostrar la realidad de mi país. En la película aparece un barrio cristiano pero en él trabajan musulmanes sin ningún problema.
En 'Caramel' se aprecia un universo femenino y eso es algo revolucionario. Además, da la sensación de que el hombre es un ser vulnerable.
No estoy muy de acuerdo porque, salvo el amante al que no se le ve cara, tengo mucho cariño al resto de los hombres del filme porque son muy sensibles y valientes. Por ejemplo, el policía es muy valiente porque para que un hombre entre en un salón de belleza en Líbano tiene que tener mucho valor y humildad. El hecho de que le depilen las cejas es una muestra de valentía. Para mí son los ideales masculinos. El policía cuando está con Layale no le mira a los pechos, sino a las manos y no es nada machista. Lo mismo ocurre con el personaje de Charles, porque transmite mucha ternura.
¿Qué acogida ha tenido la película en Líbano?
La reacción ha sido muy positiva porque la gente se ha apropiado de la película, la ha hecho suya. Vivimos un momento delicado de tensión política y Caramel ha servido como vía de evasión para los espectadores. Da cierta esperanza, un soplo de aire fresco y se ha convertido en un pequeño fenómeno en el país.
¿Cuál es la impresión después de presentar 'Caramel'en Donostia?
He tenido una impresión muy buena porque en la presentación la gente se puso de pie y hubo una ovación enorme. Además, la gente se ha reído, se ha emocionado y, hasta el momento, la ha acogido con mucho positivismo. Además, he conseguido lo que quería porque yo voy al cine para sentir, emocionarme e identificarme con los personajes, y tengo la sensación de que logrado eso entre el público.
Todo eso lo ha conseguido utilizado un lenguaje muy cercano a sus orígenes, que son los anuncios y los videoclips.
Puede que haya ciertas influencias, pero antes de hacer la película siempre intenté cuidar mis trabajos como si se trataran de pequeñas películas. Nunca he querido darles el aspecto de un anuncio o un videoclip. Lo que no he querido hacer es que mi trabajo sólo fuera estéticamente bonito, sino que hubiese algo más. La peluquería y los colores de Beirut son cosas que existen y quería mostrar que siguen existiendo, a pesar de que se hayan quedado anclados en los 60. |