Dicen que esta monarquía borbónica instaurada por el tirano Francisco Franco no tiene Corte. Dirán por decir, porque basta pasearse en agosto por las pocas zonas de Mallorca libres por ahora de control real para percatarse de que los cortesanos pululan por doquier. De todo pelo, condición y nivel, pero cortesanos al fin. A tanto cortesano adherido al momio de la reverencia ante el monarca, la cosa esa de la Casa Real les mola y no van a permitir ellos que cualquier Jueves o DEIA les toquetee sus privilegios ni en Deiá ni en Marivent ni colgando sus fotos reales al revés o quemándolas en público. Para qué decir que somos muchos quienes nos sentimos despreciados como ciudadanos por la existencia de una casta familiar con derechos civiles (y penales) por sobre todos los demás. Al no existir un mínimo cauce de crítica a la existencia y actuaciones de tales personajes reales y sus prebendassinecurasprivilegios, no nos queda sino la rendija del humor y la sátira. Y si es mordaz, pues mejor. Puede ser maleducado el chiste, pero menos educado es el comportamiento suyo, que pueden hacer lo que realmente les venga en gana sin responsabilidad civil ni penal alguna. Por ello no entiendo que se sulfuren por aparecer caricaturizados en pelota picada haciendo aquello que es su oficio, procreando un nuevo Borbón que nos avasalle. ¿Acaso les concede la Constitución ocupación de mayor rango que esa? Comprendo que se querellase cualquier ciudadano Pepito-Pepita si se les sacara en semejante escena, pero ¿dos príncipes que están cumpliendo su real ocupación? ¿De qué se quejan? Pero claro, los cortesanos son los cortesanos y en prevención de pérdida de prebendas montan un tinglado judicial alrededor del tálamo real. Además de ejemplarizar y meternos un poquito de miedo en el cuerpo no sé qué conseguirán en los tribunales. Pues por el momento y gracias al fiscal, los ciudadanos normales ya sabemos el valor tangible del honor real (o principesco), exactamente los 3.600 euros por injurias que ha pedido el fiscal. No está nada mal, aunque bajito comparado con el muy cotizado caché de algunos divos. ¡Magro consuelo de vasalla... republicana!
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