IMAGINE por un momento que es banquero y un cliente le entrega un cheque al portador. Deberá comprobar a ojo si la firma de la persona que lo ha emitido es auténtica, comparándola con otra copia que el banco tiene en su haber. Pues bien, aunque ponga todo su empeño en ello, sólo tiene el 50% de posibilidades de acertar. La mitad de las veces le colarán un talón falso, tal y como revelan las estadísticas.
Partiendo de esta realidad, un investigador de la Escuela Superior de Ingeniería de Bilbao lleva siete años investigando sobre la autenticidad de las firmas. Y el trabajo ha dado sus frutos. El físico Juanjo Igarza ha conseguido elaborar un método informático para detectar la veracidad de estos garabatos identificativos: una especie de tamiz que sirve para detectar las falsificaciones. La investigación, que ha sido el objeto de su doctorando, le ha servido para obtener una mención especial en el Concurso de Tesis del portal vasco de la innovación Basque Research.
Según recoge el estudio de Igarza, la utilización de la escritura como forma de identificación es muy antigua. Los romanos ya la utilizaban en el siglo V. Comparándolo con otros sistemas de identificación biométrica -técnicas que miden los rasgos físicos y el comportamiento de las personas-, la firma es un elemento "más humano", en palabras de Igarza, quien ha convertido ese elemento tan cotidiano en su objeto principal de estudio.
"Cuando nos reconocen por el iris o por los rasgos de nuestra cara, en cierto modo nos sentimos como animales; al cogernos las huellas dactilares, nos vienen a la cabeza imágenes de criminales. En cambio, estamos acostumbrados a identificar a la gente por su letra o por su voz", recuerda el experto. De ahí el interés del Departamento de Electrónica y Telecomunicaciones de la facultad bilbaina en profundizar en este tema. Juanjo Igarza se puso manos a la obra en 2000, cuando llegó a la universidad desde la empresa privada.
fiabilidad Se "cuelan" cuatro de cada cien impostores
Lo primero fue crear una gran base de datos biométricos, para lo que se unieron las universidades Autónoma y Politécnica de Madrid, la UPC de Barcelona y la Universidad de Valladolid. En total, en aquel primer momento, cerca de 350 personas estamparon su firma en una especie de plataforma táctil preparada para la ocasión. Aquellos singulares conejillos de Indias tuvieron que escribir su firma personal 25 veces e intentar falsificar la de otras cinco personas, tras haberse entrenado para ello. Todo ello, en cinco tandas en las que también registraron su voz para posteriores investigaciones.
En total, cada uno de ellos ofreció a la ciencia 25 firmas propias de verdad y 25 falsificaciones de cinco personas distintas. Tal y como explica Juanjo Igarza, media decena de firmas de una persona sirvieron para crear una plantilla identificativa virtual de cada persona. "El resto de firmas verdaderas y las 25 falsas sirvieron para entrenar al método que habíamos creado", añade.
Ése es, precisamente, el resultado del trabajo del físico vizcaino: un programa informático que, partiendo de las muestras de firma de una persona, sirve para detectar las posibles falsificaciones que se le presenten. "El margen de error es del 4%. Es decir, de cada 100 firmantes, podríamos cerrar la puerta a cuatro firmas verdaderas. De 100 falsificaciones, en cambio, se nos escaparían cuatro", explica Igarza. Aunque, según indica el investigador, existen métodos más eficaces, esta cifra tampoco es nada desdeñable. Algunos estudios, por ejemplo, constatan que los expertos de los juzgados que se dedican a esto tienen un margen de error del 30% en sus valoraciones.
Para identificar estos signos identificativos, los investigadores se fijan sobre todo en cuestiones "dinámicas" como la aceleración y la velocidad de la escritura, y la presión y la inclinación del lápiz. Y es que los expertos diferencian dos tipos de firmas. Las off line se limitan a la imagen de la firma y sólo tienen en cuenta los rasgos espaciales. Las on line , en cambio, recogen la dinámica de la escritura, registrando rasgos dinámicos como la velocidad, la aceleración, etc. Estos últimos sólo se registran en pantallas y planchas táctiles.
"Un zurdo, por ejemplo, por la forma que tiene de coger el lápiz, firmará en zonas superiores. Cada uno tiene una forma particular de escribir", subraya Igarza. Además, informa de que el control de firmas on line se utiliza cada vez más, por su fiabilidad. "La firma tiene una aceptación social muy grande. Y esta última modalidad puede sustituir a la firma sobre el papel".
Lo que parece más difícil es que estos sistemas de identificación lleguen a la perfección.
En este sentido, Igarza prevé que los diferentes sistemas biométricos se puedan fusionar para combinar los controles de voz, escritura e iris, por ejemplo. "La identificación de la autenticidad con estos métodos es una cuestión que atañe a las máquinas. Así que, igual que engañamos a las personas imitando una voz, siempre habrá gente que engañe a las máquinas", opina el físico Juanjo Igarza, padre del detector de cheques falsos. |