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01-10-2007
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Las setas se convierten en estos día de otoño en apreciadísimos manjares, que pueden ser peligrosos.
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Cada vez más personas se lanzan al monte para recoger setas y hongos en otoño, la estación en la que estos manjares pueblan en abundancia los montes vascos. Y a menudo, muchos desconocen los peligros de algunas especies..
María Ruano
LA temporada de setas ha comenzado y en los montes vascos ya pueden verse numerosas personas con la mirada dirigida al suelo en busca del preciado manjar. Cestas colgadas del brazo, navaja o cuchillo, y, en algunos casos, palos para remover la hierba son los complementos habituales de los seteros. Esta afición es, a menudo, heredada de padres a hijos, como ocurre con el matrimonio formado por Juan Carlos Fernández y Nieves Chaos y sus dos hijas, Itxaso y Leire.

El primero en aficionarse fue Juan Carlos, quien desde pequeño acompañaba a su padre al monte. A Nieves siempre le había gustado el aire libre, por lo que recoger setas lo vio como "algo divertido". Así comenzó una afición conjunta que perdura con los años y que han inculcado a sus hijas. "Cuando eran muy pequeñas las llevábamos en la mochila", confiesa Nieves. Leire es la mayor y, a sus 17 años, sabe diferenciar las setas perfectamente. Itxaso aún es pequeña, aunque comienza a hacer sus pinitos.

Llevan toda la vida, como quien dice, recogiendo setas, por lo que ya conocen los sinsabores de esta afición. De hecho, a todas las setas dudosas, las ponen en una cesta aparte. "Es una norma, nunca hay que mezclar una comestible con una de la que tengamos dudas porque las setas son frágiles, se pueden romper y pasar un cacho de la que quizá sea tóxica a la comestible" explica Nieves, quien critica con ironía que "todo el mundo entiende sobre micología".

Por su parte, el micólogo José Antonio Muñoz opina que las guías editadas no son suficiente para adentrarse en este mundo, "lo que reporta los conocimientos es llevarlas a una sociedad o donde alguien muy entendido". Además, reitera que se debe conocer el nombre de la seta por su denominación originaria en latín, no por su nombre común.

Y es que muchos de los que en esta época acuden a los montes no son conscientes del peligro que supone no conocer con exactitud las abundantes especies de setas que existen. "No hay que comer nada que no se conozca", insiste Muñoz. Según los expertos, cada año se producen entre 200 y 400 casos graves de intoxicación por setas en el Estado, la mitad de ellas producidas por la ingesta de especies comestibles en mal estado. "Tan tóxica es la que no está en buen estado como una venenosa", señala el experto. "Las setas envejecen y se descomponen y en algunas no se nota porque son demasiado fibrosas, pero te pueden pegar cólicos", añade.

Además, según el micólogo los primerizos suelen pecar de no trasladar las setas adecuadamente. "Si vas al monte, hay treinta grados y llenas la cesta, van aplastadas, se multiplican las calorías y cuando llegas a casa están fundidas entre sí, unas se han descompuesto, otras no…", detalla. Por ello, aconseja utilizar dos cestas o cajas de madera para evitar los daños, además de confesar uno de los trucos que ha aprendido con los años. "Cuando hace un calor infernal, en el primer manantial que veo meto la cesta con las setas diez o quince minutos para cortar la fermentación y el calor", revela Muñoz, quien fue presidente de la Sociedad Micológica de Barakaldo durante 23 años.

Hace unas semanas, una familia guipuzcoana se intoxicó tras ingerir una de las especies más peligrosas que existen, la amanita phalloides. Afortunadamente, recibieron a tiempo el tratamiento indicado para un envenenamiento producido por la citada seta que conforma junto con la amanita verna y la amanita virosa la temida tríada de la muerte. Estas tres clases pueden provocar la muerte si no se detecta tiempo la intoxicación. Por ello cuando una persona comienza a encontrarse mal, debe acudir rápidamente a un centro hospitalario y, si es posible, llevar consigo trozos de las setas ingeridas para que el médico encuentre el tratamiento adecuado sin perder un minuto.

Asimismo, dentro de las setas comestibles, también existen clases que son rechazadas en algunos cuerpos, como la lepista nebularis "porque tiene unas enzimas que pueden dar vómitos", explica el experto, quien recomienda no recoger esta seta en bosques, debido a la existencia de una especie tóxica que "suele parasitar en ella".

La micología requiere de la utilización de la mayor parte de los sentidos. Vista, gusto, olfato y tacto son necesarios para diferenciar una clase de otra. Muñoz no duda e incluso prueba las especies tóxicas para detectar sus características. "Me meto un trozo pequeño, después lo escupo y hago gárgaras con agua mezclada con unas gotitas de lejía", explica. Además este mundo es un continuo ir y venir de variaciones de las distintas especies porque "por exceso de lluvia, de viento sur o según el momento de recolección, las coloraciones de las setas han cambiado", agrega Muñoz.

Los lugares más frecuentados en Euskadi para la recolección de setas y hongos son el Pirineo navarro, el Gorbea "y en general allí donde haya pinos, hayas y robles", explica Nieves. El aumento de personas que se acercan a los montes vascos ha obligado a que, en zonas como el valle de Ultzama, se tomen medidas para paliar los efectos que la recolección ilimitada tiene en el medio ambiente. De esta forma se pretende regular, mediante el cobro de la entrada, el número de seteros que acuden y el volumen de setas que recogen. Este tipo de medidas suelen resultar polémicas. De hecho, tanto el micólogo como Nieves están de acuerdo en pagar siempre y cuando "el dinero se revierta en el monte", sentencia ella. Muñoz, por su parte, explica que en países como Hungría micólogos repasan cada mañana los ejemplares del mercado "y no se comienza a vender hasta que han pasado y retirado lo que no está en condiciones".
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