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Mesa de redacción
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Tania, la impostora
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Enrique Santarén
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tODOS hemos conocido gente singular que, al modo de un transexual pero en toda su dimensión, se sienten atrapadas no ya en su cuerpo, sino en su -suponemos- plana vida. Y, lejos de reinventarse a sí mismos, lo cual tendría ciertamente sentido pleno, se inventan vidas paralelas como si fueran la suya propia y, lo que es peor, acaban creyéndoselas. Conocí el caso de una mujer bilbaina que se inventó literalmente un embarazo. La barriga le iba creciendo semana a semana, tenía mareos y hablaba de su futuro como madre. Uno se imagina a esta mujer cada mañana ajustándose cuidadosamente un cojín en la tripa, ensayando ante el espejo qué cara poner delante de compañeros y amigos, cómo simular las pataditas del bebé... Claro que llega un momento en el que el cuento llega a su fin. Y siempre es demoledor. Un caso paradigmático lo ha protagonizado una señora que se hacía llamar Tania Head, y que en realidad tenía por nombre Alicia Esteve Head, natural de Barcelona. Había logrado labrarse tan concienzuda como eficazmente una historia de heroína que llegó a presidir la Red de Supervivientes del atentado del 11-S en Nueva York. No faltaba ni un ingrediente en su escalofriante y peliculero relato sobre cómo logró escapar del infierno en una de las torres, cómo un hombre ya moribundo le entregó su alianza de boda para que se la devolviese a su mujer, cómo la rescató otro héroe voluntario... Nada era cierto. Ni eso, ni toda la trama que se había montado sobre familia, trabajo, domicilio... Tania, seguramente, es una de esas personas que no viven su vida, sino que la interpretan, y además con vocación de estrellas. Y para lograrlo no reparan en minucias tales como la de apropiarse y manipular a cientos de víctimas, a sus familias y a miles de personas que creen en ellas. Malditos impostores. |
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