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Samuel Sánchez, en un momento de la prueba. Foto: Rfec |
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"Me he precipitado un poco"
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La selección estatal no salía de vacío en un Mundial desde Zolder 2002.
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A. Laiseka
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Bilbao. Entre descorazonado y satisfecho, entre orgulloso y desilusionado, Samuel Sánchez recobraba el aliento en la línea de meta. Estaban sus piernas entre las más poderosas del Mundial, entre las que optaban al arco iris, a medalla. No pudo ser. Séptimo no sabe a nada, se pierde en el olvido, pero aún así, el ovetense de Euskaltel-Euskadi reivindicaba su esfuerzo y el de la selección. "Pienso que somos la mejor selección del mundo. Tenemos gente muy buena, cada uno sabe cuál es su lugar y su cometido. Hoy -por ayer- también hemos currado pero al final era un mano a mano con Italia en el que nos han ganado la partida. Yo quizás me he precipitado un poco; he atacado varias veces y al final se me venían subiendo las bolas", explicó el asturiano de Güeñes, quien se descubrió ante la victoria de Bettini. "Ha ganado uno de los grandes favorito y hay que darle la enhorabuena porque Bettini es un campeón".
No conocía la selección estatal el sabor que deja el vacío en un Mundial desde 2002, cuando Mario Cipollini, Robbie McEwen y Erik Zabel coparon los metales. Desde entonces, el bloque que dirige Paco Antequera (quien ayer se puso nervioso con el ataque de Rebellin en la anteúltima vuelta) ha conquistado dos oros (Astarloa y Freire), una plata y un bronce (ambas de Valverde).
"El ciclismo es muy difícil, no tenemos un motor con el que aceleras y vas para adelante. Nos ha faltado fortuna, hemos estado ahí, y a la selección hay que darle un diez, hemos currado mucho y nos hemos merecido algo más. Una medalla habría justificado todo el trabajo realizado. El año pasado fuimos bronce y chocolate y esta vez nos tenemos que conformar con la séptima plaza", aseguró. |
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