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Gorka Iraizoz, que despeja un balón ante la presión de Nihat, volvió a ser el mejor del Athletic. Foto: AM-PRESS |
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Nuevo golpe para meterse en problemas
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El conjunto de Caparrós sufre su segunda derrota consecutiva ante un Villarreal que sacó tajada del tanto de Fuentes, un central, para sentenciar.
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|  |  | 1 | 0 |  | |  | | Pako Ruiz Enviado especial |  | Vila-real. El Athletic salió ayer muy tocado. La segunda derrota en cuatro días tiene ya consecuencias. El entorno rojiblanco vuelve a verse invadido por la preocupación. El conjunto de Joaquín Caparrós no acaba de arrancar en cuanto a resultados y las urgencias empiezan a ganar terreno. Sólo han pasado seis jornadas, pero lo cierto es que el Athletic se asoma de nuevo a la zona de descenso, ésa que tanta angustia ha ocasionado en los dos años anteriores. El Madrigal volvió a ser maldito para los leones, que hincaron la rodilla en este estadio por cuarta vez consecutiva. Un gol de Fuentes a los 18 minutos de la segunda mitad hizo añicos a un Athletic que hasta ese momento se había mostrado sólido, sobre todo a la hora de frenar al Villarreal, que no a la hora de hacer daño al conjunto castellonense. El submarino amarillo se valió de una sola salva para hundir al cuadro bilbaino. Fue un detalle el que decidió, como suele ser norma. Más bien decidió el acierto, que volvió a imponer su ley. El Athletic no lo tuvo. Su ausencia es un mal que necesita cura.
Caparrós recuperó su cara conocida. Esquivó las sorpresas después de romper la lógica en el once inicial ante el Atlético de Madrid. El de Utrera volvió a su versión habitual. Enseñó las cartas que ya había adelantado la víspera. Apostó por el equipo titular que era vox populi. Iraizoz bajo palos; con Iraola, Aitor Ocio, Amorebieta y Del Horno en defensa; Orbaiz (que retornaba tras su ausencia en las dos jornadas anteriores) y Javi Martínez en el doble pivote, con Joseba Etxeberria y David López en bandas; en tanto que Aduriz y Vélez (que debutaba de inicio en Primera División) formaron la dupla atacante. Por tanto, Markel Susaeta volvía al banquillo después de su brillante irrupción, especialmente en los duelos ante el Barça y el Zaragoza.
La estrategia en el fútbol tiene su valor. Suele marcar el transcurrir de un partido. El Athletic tiró de ella en la primera mitad. Es la parcela que le toca al míster. Su papel radica en diseñar la pizarra. En dibujar lo que quiere ver sobre el césped. Es decir, mandar. Por eso tiene esos galones. Luego son los jugadores los que tienen que ejecutar esas órdenes. Hay días que se hace a pie juntillas. Y hay otros en que el dibujo se queda en papel mojado. Ayer, los rojiblancos cumplieron el mandato de Joaquín Caparrós, que, por cierto, es bien conocido. La presión guarda un lugar preferencial en el ideario del de Utrera. Busca que el rival se encuentre incómodo. O sea, que no explote sus armas más útiles. O letales. El Villarreal, que se instala en la zona noble tras vencer en cinco de las seis jornadas anteriores, cuenta con hombres de contrastada calidad individual que pueden romper un partido en cualquier acción. Por eso, el Athletic se afanó en tapar las vías de creación del submarino amarillo. Fue su principal recurso. Y funcionó, que era de lo que se trataba, en los primeros 45 minutos.
Los leones respondieron en su primer objetivo. Quedaba el segundo. Hacer daño en las inmediaciones de Viera. Recuperar la pegada mostrada en el Ciutat de València. El gol es la asignatura pendiente de este equipo. Ser matador. De momento, no lo es. Aduriz pudo cambiar esa dinámica. Al contrario del duelo frente al Levante, el donostiarra no acertó a las primeras de cambio. En el segundo minuto, cuando aprovechó un servicio de Etxeberria para ganar la espalda a Cygan y presentarse ante el meta uruguayo. Éste le ganó la partida. Aduriz no tuvo el instinto necesario.
Pese a ello, el encuentro entró en el terreno que quería el Athletic. Orbaiz da una plusvalía al centro del campo de los rojiblancos, que se encuentran más seguros con el navarro como jefe de operaciones. Los de Caparrós amargaron al Villarreal, muy espeso y que apenas veía huecos para sorprender a Iraizoz. Sólo Pires, uno de sus hombres más talentosos, inquietó al meta navarro, pero su flojo disparo se quedó en un mero artificio. Que te lleguen sólo una vez con peligro cuando uno juega de visitante siempre es una buena noticia. Pero también es una mala noticia que te falte resolución en los últimos metros. El Athletic buscó las bandas por medio de Joseba Etxeberria y David López, pero no supo culminar. Ni en los amagos de Vélez, muy activo, ni en los disparos lejanos de David López y Del Horno.
ACCIÓN DETERMINANTE En el segundo acto el encuentro estaba llamado a coger otro camino. El Villarreal estaba obligado a buscar remedios. No estaba a gusto. Manuel Pellegrini tuvo que mover piezas. Retiró a Josico para dar entrada a Javi Venta en su deseo de ganar profundidad. El Athletic estaba avisado de las intenciones del conjunto castellonense. Sabía que se encontraba ante un partido casi nuevo. Lo anterior quedaba ya en el pasado.
La nueva dinámica castigó a los rojiblancos. Perdió parte de la seguridad de la primera parte. Se hizo más vulnerable. El Villarreal lo supo leer. Encontró en la banda derecha la autopista que deseaba. Llegó al terreno de Del Horno, que está muy lejos del nivel que de él se espera. Y en unas de esas acciones Senna aprovechó la flaqueza del de Gallarta para servir un espléndido servicio a Fuentes, un central, para que el argentino cabeceara al fondo de la red. Tres minutos después pudo llegar el segundo tanto local, también tras un error de Del Horno, pero el colegiado anuló la diana de Capdevila por falta sobre Iraizoz.
El golpe dolió mucho al Athletic, obligado a remar contracorriente. Y el equipo rojiblanco no está de momento para remontar. Es ya la tercera ocasión en que sucumbe cuando está por detrás del marcador. Joseba Etxeberria, no obstante, pudo firmar el empate tras un gran servicio de Del Horno, pero el de Elgoibar, que está reñido con el gol, mandó alto su disparo con la derecha. Caparrós, que ya había quemado su primer cartucho con la sustitución de Fernando Llorente por Vélez, tenía que buscar soluciones para erradicar el mal. Para evitar un nuevo revés, el segundo consecutivo, recurrió a Susaeta para aprovechar su verticalidad. Y también a Iñaki Muñoz, para aportar llegada en los metros finales.
Pero la historia ya estaba escrita. Todo quedó en meras intenciones. Cuestión de inercia. El 1-0 dejaba aire para el suspense. El Athletic, pese a ello, ya estaba sentenciado. |
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