rangún. "Pueden ver cómo el régimen nos trata", cuenta el vigilante de un edificio de oficinas señalando a policías antidistrubios que se sientan a menos de 20 metros del cerco a la entrada del hotel. Los centenarios árboles de las calles son usados para sujetar alambradas de espino en los que se han instalado cuatro sogas de espino hasta una altura de dos metros y los escudos y las porras aún se encuentran en el suelo, dispersos por todas partes. Tras ellos están los soldados, al menos 20, con ametralladores dispuestas. En el cruce ante el hotel también hay dos camiones con soldados, unos 15 ó 20 hombres.
De repente, alguien grita "¡democracia!" y un par de personas comienzan a aplaudir. En un segundo, los soldados se instalan en sus puestos y once hombres que no corrieron lo suficientemente rápido son atrapados y conducidos a un interrogatorio. >K. Rich |