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Manifestantes marchan tras una foto del padre de San Suu Kyi. |
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"No les preocupa la ONU"
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La visita de Ibrahim Gambari no es la primera al país y, sin embargo, aún es vista por algunos birmanos como esperanzadora. Los intelectuales, sin embargo, no creen que pueda influir en los militares.
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K.Rich
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Gambari, Gambari es bueno", grita el joven agente de cambio de Ragún a los visitantes occidentales. A pesar de que las noticias del exterior están prohibidas sí se han difundido las informaciones sobre la llegada del enviado especial de la ONU al país para hablar sobre la crisis.
Como un reguero de pólvora, se extendió la noticia de que el diplomático se alojaba en el hotel Trader, al alcance de la vista de la pagoda de Sule, donde a mediados de la semana miles de personas se manifestaron y al menos una de ellas murió por los disparos de los soldados. En ese hotel se encontraban ayer aparcados algunos vehículos con distintivos de la ONU.
Pero alrededor de los vehículos nada se parece a un estado amante de la paz, que reconcilia al pueblo y sólo trabaja para el bienestar de las masas, como el diario estatal La Nueva Luz quiere hacer creer. "La voluntad popular", titulan: "Queremos estabilidad. Queremos paz. Estamos contra los disturbios y la violencia".
"Se olvidaron de una cosa", cuenta un escritor que tras la brutal represión de las protestas de 1988 pasó tres años en las cárceles de la Junta Militar: "que no queremos morir de hambre". El drástico encarecimiento de la gasolina y el gas para cocinar y las tasas de inflación superiores al 10% pusieron a los más pobres al borde de la ruina y les empujaron a sacar su desesperación a las calles. Todos, sin excepción, maldicen al régimen militar que gobierna el país desde hace décadas con mano de hierro.
La visita de Gambari ha despertado expectativas, pero el escepticismo está muy extendido, especialmente entre los intelectuales. "A los generales no les preocupa la opinión de otros gobiernos, ni la de su propio pueblo, y tampoco les preocupará el consejo de un diplomático de la ONU", afirma, desilusionado, el escritor. Una disidente del movimiento de la oposición de los estudiantes de 1988 también se opone a más protestas callejeras, por miedo. "Debemos organizar un boicot, todos los funcionarios deben quedarse en casa e inmovilizar el país", afirma la mujer, que pasó seis años presa. |
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