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Imaz, durante su intervención en el Alderdi de ayer. Foto: zigor alkorta |
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"Sólo pido una cosa: respeto para el próximo EBB y todos detrás de ellos"
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El presidente del EBB pide al PNV que se adapte los cambios que se producen con los grandes conceptos
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Igor Camaño
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foronda. Las lágrimas de ayer las lloró el sábado por la noche, repasando el discurso. Se emocionó. Mucha vida en once páginas atiborradas de recuerdos. Llenas de su historia. Llenas de PNV, su otro aita desde los quince años. "Josu Jon, mañana aguanta como sea", se retó con los puños apretados. "Como sea". Por eso se derrumbó el sábado. Ayer no podía. Ayer quería brillar. Decir alto y claro la reflexión que tejió entre el martes y el jueves en casa de la amatxu, en Zumarraga. Sabe de sobra que escribir en Sabin Etxea es imposible. Qué decir de su propio hogar. Tres hijos -de ocho, seis y año y medio- aportan mucha felicidad, muchos ratos alegres. También mucho ruido. Imposible concentrarse. La tranquilidad de la casa que le vio crecer alentó su último gran discurso. El último como presidente del Euzkadi Buru Batzar en un Alderdi. El que emocionó a más de uno y de dos y el que, seguro, molestó a algún otro. Podía haber sido de otra manera, pero eligió ésa. Sincero. "Siempre he sido así y ya no voy a cambiar", admitía, descamisado ya, con el discurso retorcido y apretujado en el bolsillo derecho del vaquero, con la presión y los nervios desparramados por las campas de Foronda.
Formalmente su mandato terminará en diciembre, pero sentimentalmente el gero arte entre Josu Jon Imaz y la militancia jeltzale se produjo ayer. El presidente reivindicó su visión de las cosas, la necesidad de actualizar conceptos y estrategias, la transversalidad, la importancia vital de la unidad, de la honradez, rechazó la violencia de ETA, su chantaje, maldijo que quebrara la oportunidad de paz abierta hace un año. Porque hace sólo un año -recordó Imaz- tuvo que anular su cita con los jóvenes de EGI. Él y Urkullu estaban en Loiola, negociando con Batasuna y el PSE, casi a punto de firmar una salida dialogada para Euskadi. "ETA obligó a cambiar de opinión a Batasuna y todo se frustró", relató ayer aún enojado. "No son aber-tzales. No quieren a este país. No respetan a su gente", acusó al mundo radical, ANV incluido, "que ha manchado una sigla histórica llena de dignidad y heroísmo". Y recordó a Irujo: "El nacionalismo que violenta los derechos de las personas es, sencillamente, fascismo". Y ensalzó los valores que siempre ha defendido el PNV: el humanismo, la defensa de la libertad -su reconocimiento a las gestoras de Ondarroa y Mendexa y a todos los concejales que sufren insultos y agresiones por representar al PNV-, el trabajo sin prisa y sin pausa por convertir Euskadi en una nación -"pasan las personas pero los proyectos quedan", parafraseó a Sudupe-, el valor de la solidaridad con todos los que vienen a compartir la lluvia, su obsesión por la formación y la educación, el respeto a las instituciones vascas que reivindicó el lehendakari el viernes, y su devoción por el acuerdo entre diferentes: "Cuando hacemos algo buscando a otros, buscando el acuerdo, es posible que no consigamos todo lo que nos hubiera gustado, pero lo conseguido está mejor asentado, es una conquista que nadie va a poder cuestionar y nos permite seguir avanzando. Un acuerdo político amplio es el mejor servicio que podemos hacer a nuestro país". Lo ejemplificó: "Podemos gastar todo el hormigón en levantar la casa en altura, y podremos pensar que tenemos un país libre porque la casa crece en altura, pero la clave será la cimentación. Y la cimentación de un pueblo, de un país, es el acuerdo sobre sus bases. Por eso tenemos que reivindicar sin complejos los acuerdos entre diferentes y los acuerdos transversales. Si lo hacemos así nuestra casa será sólida. Y a los que se ríen de la transversalidad se les caerá la casa y el país al primer vendaval. Y no quiero que a mi país se lo lleve el viento".
sin michelines Tampoco quiere que a su partido le pase lo mismo. El remedio, la unidad: "Hemos estado lanzando desde el partido mensajes diferentes. Sin respetar siquiera en muchos casos lo que los órganos competentes del partido decían. Pero no hay que mirar al pasado. Hay que mirar al futuro. Y sólo os pido una cosa: profundo respeto a aquellos que este otoño elijamos para el EBB. Todos alineados detrás de ellos", exhortó a la militancia.
Consciente de que era su último discurso masivo, no quiso desaprovechar el momento para acordarse de quienes se han acordado de él más veces de las que le hubiera gustado: "Las fronteras desaparecen, el concepto de independencia y de soberanía está cambiando. Y nosotros tenemos que estar en esas reflexiones. Para ello es necesario un partido unido. Con confianza mutua. No puede ser que cada vez que alguien avanza en este camino sea acusado de michelín. En este partido no hay michelines. Hay abertzales. Hay patriotas. Nadie tiene derecho a hacer pasar a nadie la prueba del algodón como nacionalista. Desconfiad siempre del que lo haga. Esconderá intereses particulares". Y así, desnudo, confesó orgulloso que es un hijo del PNV, que no se va y que está a disposición del partido. Once folios después, las lágrimas seguían en su sitio. |
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