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Micro on
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Libros y memoria
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Xabier Lapitz
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A veces, un libro lleva a otro y se encadenan lecturas que abordan lo que sucedió en el mismo momento, pero con puntos de vista distintos. O mejor, complementarios. A mí me ha pasado con la avalancha de libros editados que sitúan sus narraciones en la guerra civil. Primero fue El canto de los grillos de Edorta Jiménez (Ttartalo); vino después El corazón helado (Tusquets), una novela a la antigua usanza escrita magistralmente por Almudena Grandes; y, por fin, El hombre que detuvo a García Lorca. Ramón Ruiz Alonso y la muerte del poeta (Aguilar), de Ian Gibson.
Tres obras para una misma época. Edorta Jiménez juega con la realidad y la ficción, con escenarios reconocidos que nos transportan sin problemas a vivir con él y con su peculiar narrador, unos episodios que de puro creíbles nos hacen sentir el dolor de quienes perdieron teniendo que haber ganado. En esa Mundaka que tan bien conoce, sucedieron cosas terribles que no desvelaré aquí. Como pasó en tantos y tantos pueblos. Van apareciendo héroes que, por fin, son rescatados del anonimato. Y villanos, a los que retrata con profusión de datos el siempre riguroso Gibson. Ramón Ruiz era un bruto, sí, pero sumamente peligroso y además, bien amparado por refinados terroristas que ocupaban despachos. Lo peor es que en esos mismos despachos se siguen moviendo sus herederos, encaramados al poder aprovechando una Ley de punto final que en España se aplicó 'de facto'. Almudena Grandes, que maneja exclusivamente la ficción entrelaza dos historias familiares que nos dan un panorama más real de lo que pueda parecer. Es una descripción exacta de las miserias que décadas después siguen aflorando sobre una guerra y una dictadura aún por revisar. No sé cómo quedará la traída y llevada Ley de la Memoria Histórica, pero algunas plumas hacen un encomiable trabajo que pone en evidencia a una clase política que aún discute si conviene o no remover aquellos hechos. Más libros, por favor. |
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