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cuando era chaval mi ama me mandaba algunas veces a comprar chicharros y jibiones al mercado de La Ribera. "Son los más frescos y los más baratos" me razonaba con sabiduría de ama de casa. Ese espíritu de calidad y competitividad es el que tendrá que pervivir en el nuevo mercado de abastos una vez que se acometa su reforma. No lo tienen fácil. Sólo el 60% de los comerciantes han adelantado dinero para acometer el proyecto y aunque representen aproximadamente el 80% del negocio total aún resta una parte importante del edificio sin ocupar. Desde el Ayuntamiento aseguran que hay novias para esos puestos vacíos. Que el mercado va a resurgir como lo hizo tras las inundaciones del 83. Deseo que así sea como espero que los nuevos inquilinos no desvirtúen la filosofía que ha marcado históricamente las compras para muchos bilbainos. Tanto el Consistorio, al ser propietario del edificio, como la sociedad gestora, que conforman los tenderos, deben mantener los mostradores repletos de verduras, fruta, chacinería y productos del mar. Incluso hay que seguir oyendo a las pescateras vender a voz en grito las excelencias de sus productos. Lo que es evidente es que el negocio tiene futuro. Un espejo donde mirarse es el de la Boquería, en Barcelona, que tras su reforma es ejemplo de mercado tradicional de abastos. Eso sí, los que se quedan tienen que ponerse las pilas. Ya saben, ¡fresco y barato! |