CUANDO Urtzi Ekaitz Álvarez se acerca con su caña al agua los peces tiemblan. Y no es para menos, ya que este bilbaino de 14 años puede presumir de ser el primer vasco en lograr el campeonato del mundo de pesca en la playa. Lo hizo hace unos días en la región francesa de Labenne, donde este pescador precoz se impuso a una treintena de rivales en la categoría sub' 16. "En la última ronda los peces que capturé pesaban 7 gramos más que los de mis rivales, así que me llevé la victoria por los pelos", señala Urtzi luciendo una sonrisa, ante la atenta mirada de sus padres, otros dos aficionados a echar el anzuelo al agua.
Ni fútbol, ni baloncesto, Urtzi se decantó desde muy pequeño por la pesca. A los 8 años cogió por primera vez una caña, y mejor no pudo resultar la experiencia. "Me acuerdo que estaba en Arrigorriaga en un campeonato y le dije a mi padre si me dejaba pescar. Al final picaron los peces y gané al resto de participantes", indica este alumno de 2º de la ESO, que ve cómo sus compañeros de clase optan por el fútbol y el baloncesto y dejan a un lado otro tipo de actividades: "La pesca la practicamos cuatro, pero es un deporte tan respetable como el resto. Pero es injusto que todo el dinero se vaya a los deportes estrella y al resto no nos dejen nada".
Javier, padre del flamante campeón mundial, no esconde la alegría por los logros cosechados por su hijo, aunque él también tiene buena parte de culpa de las victorias. "Al tener una tienda de pesca todo es más fácil, ya que tenemos el mejor material. Yo siempre le preparo los mejores aparejos, algo que le permite pescar más cómodamente", resalta Javier, que el año pasado se proclamó campeón de Euskadi de pesca en agua dulce.
Pero por muchos medios que tengas, según indica Urtzi, lo importante es la mano del que maneja la caña. "Mi padre pone el material y yo la calidad", asegura este joven ante las risas de Manoli, su madre, otra aficionada a la pesca.
"Si eres de los mejores del mundo en el fútbol no tienes problemas de dinero. Pero aquí lo pierdes", se lamenta Manoli, aunque Urtzi cuenta con el patrocinio de una marca de cañas, que al menos correrá con los gastos de la reparación de las dos que se le rompieron en el mundial de Labenne. Aunque tanto sacrificio merece la pena, según indican los padres de Urtzi, que ya tienen las maletas preparadas para viajar este fin de semana al campeonato estatal de la disciplina, que se celebra en Peñíscola y en el que se repartirán las plazas para el mundial de 2008.
carne mejor que pescado Pese a ser un crack de la caña, Urtzi opta por la carne a la hora de comer, algo que confirma Manoli entre carcajadas. "Sólo come los peces que pesca cuando son grandes, del resto pasa", subraya su madre, que todavía recuerda el día en que su hijo llegó a casa con una carpa de siete kilos.
Lo que está claro es que Urtzi disfruta con la pesca, aunque lo que más valora este joven bilbaino es las amistades que hace mientras espera a que los peces piquen. "No me suelo aburrir si no entra ningún pez, pero reconozco que no me gusta volver a casa sin haber sacado algo del agua", señala este pescador precoz, algo que confirma su padre, que tiene que aguantar algún que otro cabreo de su primogénito.
Con la llegada del mal tiempo, Urtzi dejará aparcada la caña por unos meses y practicará otra clase de deportes, como el rugby, otra de sus aficiones. Y si se aburre y tiene morriña de tirar la caña puede optar por pasarse algún que otro domingo por la escuela de pesca en la Ría del Nervión, experiencia que ya ha probado en el pasado y en la que pasó de alumno a maestro: "Un día me pasé a probar y acabé dando consejos a los chavales que estaban con la caña".
Pero es que no todos pueden presumir de ser el mejor del mundo en algo y Urtzi sí que tiene la medalla que le identifica como tal. "Me siento orgulloso, aunque no voy diciéndolo por la calle", apostilla este pescador precoz. |