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Mesa de redacción
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Tiene vergüenza
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Oscar Subijana
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LA decisión del primer ministro británico Gordon Brown de retirar de Basora a 1.000 soldados es un primer paso. Vale. Pero muy vergonzoso. Intimidado por la fuerza del conflicto y por la herencia pesada de la foto de las Azores, Brown se mueve en el concierto internacional con la prudencia de un pato. Hace las llamadas pertinentes a los colegas de guerra (Bush y cía) para saber qué es lo más conveniente en el tablero de poder de las superpotencias, y reacciona después. Lo curioso de estos movimientos de estrategia propios del Scatergoris es que se hacen sobre el terreno y siempre en una visita sorpresa. Como si nos fuéramos a creer que un primer ministro llega por sorpresa a un país inmerso en un conflicto bélico. Pero lo más indignante de toda esta parafernalia diplomática es que se hace por supuestos y futuros réditos electorales. Brown necesita poner la mejor cara para que la fotografía electoral salga en condiciones. Porque todo parece indicar que las elecciones se van a adelantar. Y la reelección en el puesto merece gestos como el de una apañada retirada de Irak. La dimensión de la realidad política tiene varios estadios. La local, la nacional y la internacional. Pero en todos los terrenos se juega al mismo juego. Y la diplomacia tiene armas que sólo se pueden utilizar cuando la realidad aprieta lo suficiente como para verse obligados a recular. Como Brown en Basora. Una operación de cosmética recomendada por los expertos en imagen para que el partido al que representa se posicione en la parrilla de salida de un hipotético proceso electoral adelantado con un gesto para la galería. "Estoy devolviendo a nuestros jóvenes soldados a sus casas". Mensaje muy fácil de entender por aquellos padres y madres que pueden traducir su felicidad en votos muy rentables. |
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