Rafa Redondo es psicólogo clínico y maestro zen. Fue durante muchos años profesor en la Universidad de Deusto, pero eso terminó hace un año. "Estoy más feliz que nunca", asegura. Ayer presentó su libro, 'La radicalidad del zen'. No es un libro de fórmulas, sino "el zen vivido". Bilbao.¿Qué es el zen?
El zen no se puede definir porque es vivir. Una de las definiciones del zen es que es noticia, es decir, que todos en nuestro interior tenemos una noticia que responde a una pregunta que nos formulamos desde pequeñitos, que es, ¿quiénes somos? Hasta los 5 años los niños se preguntan por su identidad, después, cuando entran en la escuela, ya les capacitan y les forman. No intentan, ni siquiera en la universidad responder a esa pregunta. El zen puede con la muerte, es la noticia de la divinidad sin connotaciones religiosas, de que el ser humano tiene un sentido en la vida que trasciende lo que se le han dado en esta sociedad de pensamiento único. Es una gran noticia.
¿Es una filosofía de vida?
Es un camino de vida porque no tiene connotaciones religiosas. Nació dentro del ámbito del budismo, pero no tiene propietario. No hace falta ser japonés ni tener cara de chino, esa noticia es patrimonio de toda la humanidad.
El zen, ¿se puede aprender leyendo su libro?
No. En este libro expongo un zen vivido. Lo he escrito después de las sentadas, pero la experiencia de zen puede ocurrir en cualquier momento, viendo un amanecer o viendo los ojos de mi nieto, que tiene cuatro meses… El zen está dentro de todos. El zen no se ve, se vive.
¿Cómo se encontró con el zen?
Aunque nació en Oriente ahora ha caído también en manos de los europeos. Yo me encontré con él a través de la lectura de dos alemanes: Dürckheim y Wílligis Jäger. Fueron los que más me ayudaron. Yo tengo la mente racional, de universitario, y estos desde la razón me ayudaron a traspasarla. Recomiendo su lectura a todo el que busque esa liberación.
En Euskadi, ¿qué acogida ha tenido este ejercicio?
Aquí hay una gran tradición católica, menos en la juventud, y en general se ve como un exotismo o como una moda, aunque es falso porque lleva 2.600 años. El zen, al igual que el yoga, no es una relajación, es un instrumento de transformación.
Pero, ¿puede ser compatible con una persona creyente?
Sí. Perfectamente, aunque le causaría una crisis. No se dirigiría a Dios como algo ajeno o lejano, sino como algo interior.
¿En qué aspectos de la vida se puede aplicar el zen?
Si se reduce a un espacio interior o a un escenario propio de un templo no es bueno. El zen bien aplicado nos lleva a la solidaridad, a la compasión…
¿Todo el mundo vive esa crisis y cada uno elige su camino?
Eso es. Es más rentable económicamente vivir dormido, hacer lo que nos dicen. Vivimos crisis continuamente de desapego. El ser humano ha nacido para vivir la Gran Vida y cuando tiene crisis los psiquiatras lo corrigen con pastillas, pero la depresión no es negativa, sufres mucho, pero es la rebelión de la naturaleza cuando le hemos metido por un camino falso.
¿Nos enseñan a sobrevivir y no a vivir?
Lo subrayo.