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¿Reserva?
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José Serna Andrés
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HAY quien dice que uno de los mayores daños que se ha hecho a los aborígenes norteamericanos ha consistido en 'proteger' -Dios nos libre de los protectores-, agrupados en territorios propios denominados reservas, a quienes no fueron exterminados por los invasores. Con la pretensión de que se mantuviese su especie, sus costumbres, su ambiente, se les ha apoyado, subvencionado, solucionado la vida de tal forma que algunos no tienen alicientes para integrarse en el tiempo y en el espacio real, que es más amplio que la reserva, en el que se desarrollan sus vidas. El alcohol y otros problemas añadidos por una existencia pagada les ha hecho tanto daño como el exterminio. Su orgullo, su capacidad de lucha, su tenacidad han desaparecido, aunque las subvenciones aumenten. En Australia existe también un complejo de culpa histórico, basado en hechos reales, por haber exterminado brutalmente a los aborígenes, y muchos de ellos, por el hecho de serlo, tienen unas subvenciones y una ayuda económica del estado. Su identidad, su capacidad de lucha… ¿para qué repetir lo mismo?
Cuando Franco se dio un paseo por Bilbao no le gustó que se viesen chabolas en los alrededores y para sanear la imagen externa de la ciudad decidió hacer un poblado en Otxarkoaga. Era algo así como una reserva, alejada del núcleo de la ciudad, más allá de Begoña, tras un descampado donde hoy se asienta Txurdínaga. Pero aquella pretendida reserva inicial no lo fue. Aquellas familias de ex chabolistas estaban formadas por gente trabajadora, austera, acostumbrada a luchar por la vida, capaz de levantar una pared en una noche y resistir a las inclemencias del tiempo y a las injusticias de la sociedad. Era una generación recia de gente trabajadora, que provenía de otras comunidades. No se constituyó en una reserva porque sus trabajadores y trabajadoras sacaron adelante a sus familias y formaron un barrio en el que el asociacionismo y la solidaridad han sido un ejemplo. En ese barrio había también una generación del pueblo gitano que tenía su identidad propia pero era una parte más del barrio. Ya sabemos que tampoco podemos idealizar aquella situación porque en todas partes hay problemas, sin embargo estos apuntes son significativos para entender algunos problemas actuales. El dorado de algunas familias se cumplió cuando los trabajos y los estudios mejoraron en algunos casos. En otros, desgraciadamente, aquella mística del disfruta ahora al máximo con el menor esfuerzo, llevó al pozo ciego de la droga y la marginación a algunos jóvenes que no consiguieron seguir el ritmo de sus familias.
A medida que los primeros que habían llegado al barrio se hacían mayores, se jubilaban y regresaban a sus pueblos de origen, algunas viviendas se renovaron porque sus hijos e hijas quedaron allí, pero otras viviendas, municipales casi todas ellas, sobre todo al principio, quedaron vacías, pues algunos hijos de los pioneros consideraron que su futuro estaba en otros lugares con mayor prestigio, y abandonaron el barrio.
Viviendas Municipales tuvo buenas intenciones a la hora de adjudicar los nuevos pisos, pero se equivocó, perdón por la rotundidad de la expresión. Durante muchos años, para entrar a los pisos vacíos, tuvieron preferencia quienes no tenían ingresos, quienes tenían rentas familiares más bajas, quienes mostraban situaciones más desestructuradas. Y gota a gota se fue montando un lago de situaciones, alejadas del casco urbano de la ciudad, y se organizó, día a día, una reserva. Familias desestructuradas fueron entrando allí donde ya se habían resuelto algunos problemas, y aumentó el número de familias de etnia gitana, algunas también desestructuradas, porque era uno de los elementos que favorecía el tener más puntos para adquirir una vivienda. Las ayudas de emergencia y los salarios sociales tapaban la bruma de la situación. Y al envejecer el resto de la población, el silencio de algunas personas evitaba conflictos con el nuevo vecindario. Pero no atreverse a protestar no significa que algo está resuelto.
Ya hemos dicho que entre aquellos pioneros iniciales había un porcentaje significativo del colectivo gitano que convivía con los payos. Y no hemos dicho que se había constituido una reserva. Había problemas de convivencia, claro, como en botica, pero los colegios públicos de la zona estaban repletos de alumnado en el que convivían payos y gitanos a imagen de lo que sucedía en el contexto del barrio.
Y es que entre los pioneros del colectivo gitano que habían entrado al barrio con las primeras familias existía un talante de respeto a los mayores, tradicional en el pueblo gitano, y algunos problemas se resolvían de forma interna, quizá de manera discutible, pero era otra cosa.
¿Por qué los colegios públicos de Otxarkoaga tienen hoy alumnado casi exclusivamente gitano, en unos el noventa, y en otros el cien por cien? El alumnado no gitano va a colegios que no se encuentran en el barrio. Esto es un reflejo del contexto de desencuentro que existe en el barrio. Hay profesorado de estos centros que se siente con vocación para trabajar en estos colegios, pero otra parte del profesorado se encuentra desbordado en su trabajo.
¿Hay una reserva dentro del barrio de Otxarkoaga? Mientras esté alejada del centro de Bilbao, mientras no aparezca en los medios de comunicación, mientras las ayudas sociales acallen los sonidos de los problemas, no importa. Pero hay un problema, y hay dos comunidades, o tres, o cuatro, o cinco, o seis, en Otxarkoaga. Y eso es enriquecedor, pero hay familias que llegan a utilizar el salario social ya en la segunda generación. ¿Qué estímulo puede haber si, a cambio de nada, se tienen unos mínimos cubiertos de forma permanente? Se consigue con eso un voto en las elecciones, pero no se resuelven los problemas.
Los fuegos se encienden con muchos tipos de leña. Hay leña aportada por la administración durante muchos años a causa de una política equivocada. Hay leña de frustraciones y desencuentros diarios. Hay leña de la injusticia general del sistema, tanto para payos como gitanos. Y hay leña que también encendemos desde los medios de comunicación. Apagar el fuego se puede hacer con un decreto, pero hay que cuidar además la leña porque no es para echarla al fuego, hay que remover la tierra, sembrar semillas, regarlas con paciencia, y esperar a que crezca el árbol.
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