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Joseba Etxeberria anota de esta forma el gol del Athletic a los 31 minutos de juego. |
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Un punto que hasta es bueno
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El athletic, pese a que Etxeberria acabó con su gafe, ofreció muy poco, acusó la expulsión de del horno y sufrió lo indecible ante un recién ascendido.
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bilbao. El Athletic continúa sin retratarse. Parece empeñado en dar tumbos. Ofrece una de cal y otra de arena. Desconcierta, incluso. Ayer rizó el rizo. Dejó pasar una nueva oportunidad para conquistar su primer triunfo en San Mamés. Y van ya cuatro partidos sin hacerlo. No es un buen síntoma. Todo lo contrario. El Almería -un recién ascendido y que no pisaba La Catedral desde hacía casi 27 años, entonces bajo su anterior denominación- también rascó en el que ha sido quizá el peor encuentro de los de Joaquín Caparrós. El conjunto andaluz se llevó un punto. Algo que hubiera firmado antes del duelo. El Athletic se llevó otro. En este caso no lo hubiera firmado. Pero, transcurridos los más de noventa minutos, los dos equipos seguramente hicieron una lectura bien diferente de ese empate. Los rojiblancos hasta lo dieron como bueno después de quedarse en inferioridad numérica desde el minuto 43 y después de poner muy poco para ganar. Al Almería le supo a poco, porque se marchó consciente de que podía haber atrapado el premio de la victoria. Una sensación que, por tanto, debe hacer reflexionar a un Athletic que sigue sin escapar de la zona peligrosa. Y ello ya preocupa.
Joaquín Caparrós no es amigo de las sorpresas. Es algo ya habitual. Lo toma casi como una rutina. No le duele prendas dar pistas. Muestra sus bazas desde días antes. Por tanto, el personal ya sabe de antemano el once por el que apostará. El de Utrera ha trabajado toda la semana con Markel Susaeta como interior izquierdo y así lo ratificó. A David López, por tanto, le tocó calentar banquillo. Es la primera vez que el ex osasunista sufre esa condición de suplente desde que llegara al Athletic. El riojano no ha respondido a las expectativas creadas en torno a su persona en los seis primeros partidos de Liga. Y ayer pagó el peaje de tan escasa aportación. Así las cosas, Iraizoz se situó bajo palos; Iraola, Aitor Ocio, Amorebieta y Del Horno repitieron en la zaga; Orbaiz y Javi Martínez en el doble pivote, con Etxeberria y Susaeta en bandas; mientras que Aduriz y Vélez, que se estrenaba como titular en San Mamés, reeditaron la dupla ofensiva.
El fútbol da pie a la incógnita. Se rodea de ese misterio. Es su esencia. Cualquier detalle hace cambiar un partido. Es una máxima que por mucho que sea conocida no deja de tener vigencia. Ésta impuso su ley por dosis. El mal del Athletic hasta ayer tenía un diagnóstico evidente: la ineficacia. En cinco de sus seis partidos anteriores (el choque en el Ciutat de València ante el Levante se convertía en la única excepción), el debate discurría por los mismos derroteros. Buenas sensaciones, actitud… pero a la hora de matar, la misma cruz. La falta de pegada ya ofrecía síntomas de dolencias. Lo que se trata en el fútbol es que la bolita entre. Es una urgencia aún mayor cuando los resultados no acompañan. Al conjunto rojiblanco no le han acompañado últimamente. Por ello, necesitaba aliviar su enfermedad.
Y la mejor medicina es el gol. Aunque éste llegue cuando menos se espera. Cuando menos méritos se hace. Es así de caprichoso. Porque el Athletic pujó muy bajo como para llevarse tanta joya. Tuvo que esperar a los 31 minutos para disfrutar de su primera ocasión clara. Pobrísimo bagaje cuando se juega en San Mamés y frente a un recién ascendido. En este escenario se intuían más cosas. Pero el Athletic fue presa de su ansiedad. Sin ideas, sin frescura… Fue, sin más, vulgar. Ante tal espesura, sólo una acción aislada podía cobrar una relevancia que en principio no tenía adjudicada. Un saque de banda se tornó decisivo. La nada fue petróleo. Aduriz cabeceó hacia atrás para que Joseba Etxeberria metiera la punta de su bota derecha y batir a Cobeño. Sí. Etxeberria. El que no marcaba en San Mamés en Liga desde el 17 de abril de 2004. Tres años y medio después, el de Elgoibar acababa con su maleficio. Buena noticia, aunque ésta al final no fuera plena. Eso sí, su tanto llegó un minuto después de que lo pudiera hacer Negredo. Otra máxima del bien machacada. El que perdona…
cambio radical El Athletic mandaba con tan poco. El mundo al revés. Pero algo más raro tenía que ocurrir en un partido atípico. Y ocurrió. González Vázquez se sumó al despropósito al expulsar de forma rigurosa a Asier del Horno. ¡Lo que le faltaba al del Gallarta! Pocos días después de que fuera noticia por motivos extradeportivos. El lateral entró con fogosidad a Bruno en una acción sin peligro en el mismísimo centro del campo. La roja directa, quizá, fue desproporcionada. Injusta, incluso. Incomprensible, sin más. Pero también Del Horno pecó. Cuestionable en un jugador de su experiencia. Lo cierto es que el Athletic se quedó en inferioridad numérica a los 43 minutos. Ya no valía lamentaciones. Sólo quedaba mirar hacia delante. Tocaba tomar decisiones. El banquillo, por tanto, ganaba protagonismo. Caparrós se tenía que mojar. O no ser temeroso. O sí serlo. Optó por lo segundo. Por guardar y nadar la ropa. Escudándose en el hecho de jugar con diez.
Y el miedo suele jugar en contra. Es en muchas ocasiones el peor peligro para uno mismo. El Almería lo barruntó. Vio al Athletic achicado. Sin confianza. Los de Unai Emery -que muestran una mayor rendimiento como foráneos- se crecieron. El conjunto rojiblanco no daba sensación de dar más de sí. No lo había hecho incluso antes, ni cuando jugaba con once. El cuadro andaluz, por tanto, navegó con el viento de cara. Puso los argumentos para ello. Liderado por Felipe Melo y atrevido en bandas, intensificó, con la entrada de Corona y Natalio, su presencia en las inmediaciones del área de Gorka Iraizoz. San Mamés se lo olía. Silbaba a los suyos, que no encontraron recursos para cambiar la inercia. Iraizoz hizo la parada habitual de todos los partidos al desviar un duro disparo de Corona. Pero en esta ocasión sirvió para bien poco. De esa acción llegó el tanto del empate. El propio Corona botó desde la derecha el córner y Melo, sin oposición, cabeceó al fondo de la red. El Athletic mantenía su vulgaridad. Los movimientos que llevó a cabo Caparrós tampoco surtieron efecto. Ni la excusa de la inferioridad tenía ya valor. Con diez también se puede jugar mejor. Incluso, quedó la sensación de que si en lugar del Almería enfrente hubiera estado otro rival de mayor postín... El punto, visto lo visto, hasta es bueno. |
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