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Los participantes tuvieron que levantar las placas en tres ocasiones durante tres minutos para que pudiese tomarse la fotografía aérea de la galería. |
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Más grande que nunca
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Cerca de 1.000 personas se congregaron ayer en el Guggenheim para celebrar su décimo aniversario participando en la "acción artística" de la donostiarra Maider López.
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Tamara de la Rosa
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PLATEADO, brillante y más grande que nunca. Así se podía ver ayer el museo Guggenheim que, tan sólo durante unos minutos, vivió la experiencia de tener una galería de exposiciones más, gracias a unas ligeras placas plateadas sujetas por más de mil amigos del museo dirigidos por la artista guipuzcoana Maider López. Con motivo de su décimo aniversario, el museo pidió a la artista que creara un proyecto artístico con los Amigos del Museo. Se enviaron más de 15.000 cartas a todo el colectivo y el cariño y respeto que los bilbainos sienten hacia su museo más internacional ha quedado demostrado con creces. Ayer Puppy se echó a un lado dejando el protagonismo a los amigos.
Primera fase Acreditación
Las nubes que el pasado sábado por la tarde amenazaban con desfavorecer la sesión AdosAdos de Maider López desaparecieron como por arte de magia durante la noche dejando paso a un día soleado y caluroso. Alrededor de las diez de la mañana, los más madrugadores llegaban a las cercanías del Guggenheim con las pilas cargadas para pasar a la historia.
Poco a poco iban recorriendo las mesas preparadas por el personal del museo para recibir una pegatina naranja con la que se les acreditaba como participantes de las fotografías. Una vez acreditados, uno a uno recogían su placa plateada -simulación del titanio de la obra de Frank Gehry- y se colocaban a los pies del museo siguiendo las indicaciones del equipo de Maider López.
Los primeros ensayos del levantamiento de las placas comenzaban minutos más tarde. Arriba, abajo... Parece fácil pero mantener la placa sobre la cabeza durante tres minutos y sin moverse no debe serlo tanto y más de uno se llevó sus primeros golpes en la cabeza.
segunda fase La tortuga
La buena organización del evento y el madrugón de los amigos del museo hicieron posible que las sesiones fotográficas comenzaran antes de lo previsto. Sobre las once de la mañana, el dibujo en forma de lágrima que tenían que formar los bilbainos con sus placas estaba completo. Niños, jóvenes, mayores e incluso alguna persona en silla de ruedas, todos quisieron acudir a la cita y sentirse cerca del museo que hace diez años revolucionó a toda la ciudad. " Somos el Guggeheim en persona", gritaban cuatro niñas mientras trasladaban como podían sus grandes placas.
Situados de cara a Puppy, las mil personas congregadas comenzaban el trabajo. Tres levantadas de tres minutos cada una empleando la táctica de la tortuga: "elevar las placas al unísono, con movimientos precisos y acordes". Una nueva galería de exposiciones aparecía y desaparecía de la vista de los curiosos que se acercaron hasta el museo como si de un truco de magia se tratase. Desde lo alto, Maider López controlaba cada paso con un helicóptero teledirigido que sobrevolaba el museo y animaba a las personas que tenía a sus pies para que no bajasen las placas antes de tiempo. Cuando la artista dio fin al primer acto un gran aplauso, mezcla de satisfacción y alegría hizo temblar las paredes del museo.
tercera fase El paseo
Una vez realizada esa fase, todos los participantes comenzaron a caminar al unísono con las placas sobre la cabeza hacia otro de los símbolos de la villa: la ría.
Según la artista guipuzcoana, este acto era el más sencillo de los tres que en total se llevaron a cabo ayer ya que, según sus palabras, "únicamente consiste en andar con las placas". Sin embargo, hubo pisotones e incluso caídas durante el corto recorrido.
Tras el paseo, Maider López hizo que todos los amigos del museo sujetasen sus placas con la mano izquierda y comenzasen un nuevo recorrido atravesando la pasarela del museo. A continuación bordearon la escultura Mamma de Louise Bourgeois y todos regresaron al punto de partida donde, para la mayoría de ellos, había terminado el trabajo.
cuarta fase El muro
Noventa de los allí presentes aún tenían que trabajar un poquito más, y es que la artista personalmente realizó una selección entre todos los participantes para la última fase: el muro. La selección, según la artista, fue realizada en base a los requerimientos de la última fotografía: "los niños en la parte de abajo, las personas más altas arriba, gente más fuerte atrás". Entre estas noventa personas construyeron un muro contiguo a las paredes del museo a base de encajar las placas que simulaban el titanio. Mientras tanto, Maider López estaba subida en una grúa y dando instrucciones directas a los participantes para controlar la parte más difícil de este acto: la perspectiva. Tras escuchar a la artista decir: "Muy bien, ha quedado realmente bonito", los amigos del museo se retiraron a degustar un pequeño snack que se les ofrecía a modo de agradecimiento.
Quinta fase El resultado
Cuatro horas de trabajo, muchas más de organización y la participación de los bilbaínos. Eso es lo que ha sido necesario para que Maider López consiguiese un buen resultado en el proyecto del décimo aniversario del Guggenheim.
"Siempre me quedo impresionada con la participación de la gente. Vienen con una actitud muy positiva y eso ha hecho que haya funcionado todo perfectamente", afirmaba la artista una vez finalizado el trabajo.
Del mismo modo, para los participantes fue una gran experiencia. "Me ha parecido muy divertido el proyecto artístico de Maider. En cuanto me llegó la carta a casa decidí participar y animé a mi amiga a que viniera conmigo", aseguraba Ana María Río. "Tenemos muchas ganas de ver cómo han quedado las fotos", añadía su amiga Aitziber Urtasun.
El resultado fue magnífico gracias a la organización del evento y a la participación de los amigos del Guggenheim Bilbao que tuvieron la oportunidad de formar parte del propio museo. |
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